TerritoriA presentó el Mapeo de Actores Clave del Ecosistema Filantrópico en Colombia para abrir una conversación sobre co-inversión territorial
- Territoria Colombia
- hace 16 minutos
- 4 Min. de lectura

TerritoriA ha venido convocando espacios de conversación con actores clave del ecosistema filantrópico colombiano para presentar los resultados del Mapeo de Actores Clave del Ecosistema Nacional de Filantropía Comunitaria. Este encuentro presencial reunió representantes de fundaciones empresariales, organizaciones sociales, redes regionales, cooperación internacional y articuladores del ecosistema, con el propósito de analizar el panorama actual de la filantropía en Colombia y explorar nuevas formas de co-inversión territorial basadas en principios de filantropía comunitaria.
El evento, que tuvo lugar el 5 de marzo, combinó tres componentes: la presentación de resultados de investigación, un diálogo entre actores del ecosistema y un ejercicio participativo de simulación de gobernanza y financiamiento colectivo. Más que una socialización de hallazgos, fue una conversación orientada a comprender cómo se está moviendo hoy la filantropía en el país y qué condiciones se necesitan para diseñar mecanismos más colaborativos, legítimos y conectados con los territorios.
Un mapeo para leer el ecosistema filantrópico desde la filantropía comunitaria
El Mapeo Nacional presentado por TerritoriA, en representación del Movimiento de Fundaciones Territoriales, buscó comprender cómo se configura el ecosistema de filantropía comunitaria en Colombia, quiénes lo integran y qué prácticas utilizan para movilizar recursos y generar impacto territorial. La investigación incluyó conversaciones y análisis con 11 actores del ecosistema filantrópico nacional, 8 Fundaciones Territoriales y 367 actores locales en distintos territorios del país.
El análisis se construyó a partir de cinco criterios propuestos por TerritoriA: poder compartido, abundancia compartida, tejido social, prácticas de subvención y sostenibilidad a largo plazo. Estos criterios permitieron observar en qué medida distintos actores del ecosistema promueven participación comunitaria en la toma de decisiones, movilizan recursos locales, fortalecen relaciones entre actores diversos, otorgan apoyos más flexibles y basados en confianza, y sostienen sus apuestas con visión de largo plazo.
Lo que muestran los territorios
Uno de los hallazgos más importantes del mapeo es que los territorios están movilizando mucho más que dinero. Las iniciativas locales analizadas se sostienen en una combinación de capital natural, social, cultural, intelectual y espiritual, lo que confirma que el desarrollo territorial responde a una lógica sistémica y no únicamente financiera.
El estudio también muestra que el capital natural ocupa un lugar central en las prioridades territoriales: cerca de 90 iniciativas están enfocadas en el cuidado de ecosistemas, agua, suelo y biodiversidad. A esto se suma un hallazgo clave: la confianza emerge como el principal resultado del trabajo territorial, hasta el punto de que el estudio la identifica como “la moneda del territorio”.
Otro resultado importante es que las soluciones territoriales aparecen como multipropósito e integradas. El mapeo evidenció que los territorios no trabajan por silos, sino que articulan dimensiones sociales, ambientales, culturales y económicas para responder a desafíos complejos. Además, identificó una base amplia y diversa para la filantropía comunitaria en Colombia: más de 360 actores locales, articulados a través de 8 Fundaciones Territoriales en 7 departamentos, lo que confirma que ya existe una infraestructura social y relacional concreta sobre la cual escalar estrategias de co-inversión y desarrollo territorial.
Un ecosistema que ya se mueve hacia prácticas más territoriales
El estudio también evaluó qué tan cercanos están distintos actores del ecosistema nacional a los principios de filantropía comunitaria. En promedio, los actores analizados obtienen puntajes altos en varios criterios: tejido social (4.5), poder compartido (4.3), abundancia compartida (4.3), sostenibilidad a largo plazo (4.0) y prácticas de subvención (3.4). Estos resultados sugieren que el ecosistema colombiano ya está transitando hacia modelos más colaborativos y territoriales de inversión social, aunque todavía persisten desafíos relacionados con la flexibilidad financiera y la distribución del poder.
Un ejercicio para simular la co-inversión territorial
El componente central del evento fue un juego de roles diseñado para simular la creación de un mecanismo nacional de financiamiento multiactor. Los participantes asumieron distintos roles del ecosistema —fundaciones empresariales, fundaciones familiares, Fundaciones Territoriales, redes regionales, agencias de cooperación internacional y articuladores del ecosistema— y se enfrentaron a un escenario de co-inversión internacional por USD 1 millón, condicionado a la construcción de acuerdos mínimos sobre gobernanza compartida, distribución de recursos, medición de impacto y mecanismos de resolución de conflictos.
El ejercicio permitió recrear tensiones reales que aparecen cuando distintos actores deben diseñar mecanismos colectivos de financiamiento territorial. A partir de este ejercicio surgieron cuatro acuerdos o prototipos de mecanismo: uno orientado al desarrollo de capacidades y activación de activos territoriales; otro centrado en la economía de la longevidad y el fortalecimiento empresarial; un tercero enfocado en agricultura familiar y fortalecimiento comunitario; y un cuarto orientado a la protección de cuencas y la regeneración territorial.
Lo que dejó la conversación
Las conversaciones entre los participantes permitieron identificar varios aprendizajes relevantes. El primero es que el poder no desaparece en los procesos colaborativos: se negocia. Las asimetrías entre actores influyen en la toma de decisiones, y por eso requieren reglas claras de gobernanza. El segundo es que la gobernanza explícita es fundamental, porque cuando no existen reglas claras, los actores con mayor poder financiero tienden a dominar la conversación.
También se hizo evidente que la medición del impacto puede unir o fracturar alianzas. Mientras algunos financiadores buscan indicadores claros y comparables, los actores territoriales necesitan modelos más flexibles y contextualizados. Finalmente, el encuentro dejó una lección central: la confianza requiere estructura. Los acuerdos colaborativos no se sostienen solo en relaciones personales, sino en arquitecturas de gobernanza que definan límites, responsabilidades y mecanismos de cuidado compartido.
Una señal de posibilidad para la filantropía en Colombia
El encuentro dejó una certeza poderosa: en Colombia ya existe un ecosistema filantrópico vivo, diverso y en movimiento, pero también un momento de inflexión que exige pasar de la conversación a la arquitectura colectiva. El Mapeo Nacional no solo permitió hacer visible quiénes componen este ecosistema y cómo practican la filantropía, sino que confirmó algo más profundo: en los territorios ya se está gestando una manera distinta de movilizar recursos, construir confianza y sostener transformaciones de largo plazo.
Para TerritoriA, este espacio reafirma una convicción central: el futuro de la filantropía en Colombia pasa por fortalecer las capacidades de los territorios para co-liderar su propio desarrollo, y por construir puentes más sólidos entre actores que históricamente han operado de forma fragmentada. En un contexto de reducción del financiamiento internacional, esta no es una conversación secundaria, sino estratégica. Lo que deja este evento es una señal clara de posibilidad: si visibilizamos la riqueza de actores, prácticas y activos que ya existen, y si somos capaces de diseñar estructuras mínimas que cuiden esa diversidad sin ahogarla, podremos abrir un nuevo escenario para la filantropía comunitaria en Colombia.
























Comentarios