Cuando un territorio florece desde sus propias raíces
- Santiago Salguero
- hace 2 días
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Hay territorios que nos recuerdan que la transformación comienza cuando las personas se encuentran, comparten sus saberes y deciden construir juntas el futuro que quieren habitar. En Guasca, ese camino se ha venido tejiendo desde las comunidades, las organizaciones locales, las instituciones educativas, las Juntas de Acción Comunal, los artistas y los diferentes liderazgos que reconocen que el cuidado del territorio es una tarea compartida.
Con esa convicción nació el Fondo Socioambiental TAMSA, una apuesta que busca fortalecer iniciativas capaces de nutrir la vida, proteger la naturaleza y fortalecer el tejido social desde lo local. Más que una convocatoria, el Fondo abrió un espacio para reconocer que en Guasca ya existen personas y organizaciones que trabajan diariamente por el bienestar del territorio y que, al contar con mayores capacidades y confianza, pueden ampliar su impacto.
Como resultado de este proceso fueron seleccionadas cuatro iniciativas que reflejan la diversidad de actores, conocimientos y sueños que habitan el municipio.
Contadores de Historias de Páramo busca recuperar las voces de quienes conocen profundamente la alta montaña: las familias campesinas. A través de sus relatos y experiencias, esta iniciativa acerca a nuevas generaciones y habitantes urbanos a la riqueza ambiental y cultural del páramo, promoviendo el reconocimiento de este ecosistema y la importancia de su conservación.
Desde la educación, Germinando y cosechando semillas de aprendizaje convirtió la huerta escolar en un escenario para aprender haciendo. Con el liderazgo de docentes, estudiantes y familias de la Institución Educativa Domingo Savio, niñas y niños fortalecen conocimientos sobre agricultura sostenible, alimentación saludable y cuidado ambiental mientras desarrollan valores como la responsabilidad, el trabajo en equipo y el sentido de pertenencia por su territorio.
Por su parte, Somos Socios: Red de crecimiento local propone fortalecer la colaboración entre pequeños y medianos comercios de Guasca, promoviendo que los emprendimientos locales se conozcan, trabajen juntos y fortalezcan la economía del municipio, generando nuevas oportunidades para productores, comerciantes y visitantes.
Finalmente, La vida del Chorro El Carmen invita a mirar el territorio desde la relación que históricamente la comunidad ha construido con el agua. A partir del reconocimiento de este lugar como patrimonio natural y cultural, la iniciativa busca generar nuevas formas de comprender, cuidar y valorar los cuerpos hídricos que hacen parte de la identidad de Guasca.

La construcción de este camino también ha estado acompañada por múltiples espacios de encuentro que fortalecen la confianza entre quienes habitan el territorio. Las Juntas de Acción Comunal de Santa Ana Alta y San José 1 y 2 convocaron a la comunidad para compartir una jornada donde el diálogo, el trabajo colectivo, la olla comunitaria, la música campesina y los juegos tradicionales demostraron que la comunidad también se fortalece alrededor de la palabra, la memoria y la celebración.

El arte ha sido otro lenguaje para construir comunidad. En la Institución Educativa Mariano Ospina Rodríguez, estudiantes, docentes, familias y artistas participaron en la creación de un mural colectivo que hoy recuerda la estrecha relación entre el páramo, el agua y la vida. Más que transformar un muro, este proceso fortaleció el sentido de pertenencia y reafirmó que el cuidado del territorio también se aprende creando juntos.

La cultura también ha servido como puente entre generaciones. En alianza con Arraigo Colombia, se realizó un homenaje a los cien años del nacimiento de Delia Zapata Olivella, una jornada donde el bullerengue, el currulao, la danza de los indios farotos y la cumbia permitieron reconocer la riqueza del folclor colombiano y la importancia de mantener vivas las expresiones culturales que fortalecen la identidad de las comunidades.

Asimismo, docentes de diferentes instituciones educativas, portadores de conocimientos tradicionales y habitantes del municipio se han reunido para compartir experiencias, dialogar sobre el cuidado del páramo y reconocer el valor de la memoria, los saberes ancestrales y la educación como pilares para construir un territorio más consciente y conectado con sus raíces.
Cada uno de estos procesos demuestra que la regeneración del territorio no depende únicamente de grandes proyectos. También florece cuando una comunidad decide encontrarse, cuando los saberes circulan entre generaciones, cuando las iniciativas locales reciben confianza para crecer y cuando diferentes actores descubren que trabajar juntos multiplica las posibilidades de transformar su realidad.

En Guasca, ese camino continúa fortaleciéndose desde la colaboración, el reconocimiento de la riqueza local y el compromiso compartido de cuidar aquello que hace único al territorio. Porque cuando las personas se convierten en protagonistas de su propio desarrollo, no solo florecen las iniciativas: florece todo el territorio












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