Funimos y Rizoma: dos territorios que se encuentran para imaginar un turismo regenerativo
- Santiago Salguero
- hace 1 día
- 4 min de lectura

Un intercambio entre Medellín y San Rafael para reconocer experiencias locales, compartir saberes y explorar nuevas formas de conectar turismo, comunidad y cuidado del territorio.
Durante tres días, Funimos y Rizoma compartieron territorio, experiencias y preguntas alrededor del turismo regenerativo. Desde Medellín, Funimos llegó acompañada por representantes de la Cooperativa Plaza Botero, conformada por comerciantes de la Plaza Botero; la Cooperativa Sierra Pujante, integrada por habitantes de la Comuna 8, sector La Sierra; el Colectivo Eso Tan Fácil, vinculado al Cerro La Asomadera; y Distrito Candelaria. Actores diversos, mapeados por Funimos, que desde sus propios contextos vienen trabajando alrededor del turismo, la cultura, la economía local y el territorio.
En San Rafael, Rizoma abrió las puertas de su territorio para compartir algunas de las experiencias que hacen parte de su apuesta de turismo regenerativo. El recorrido pasó por el Centro de Inspiración Solunagua, junto a Claudio Madaune; el Refugio Natural Taibará, con Sergio Márquez; Casa Prana, con Gerardo Montoya; Mundo Aparte, en el entorno del río; Casa Piedra; la Finca Agroecológica Casaí, junto a Santiago Bedoya; y la Reserva Natural Zafra, donde finalmente compartimos el mercadillo local. Cada lugar permitió conocer una forma distinta de relacionarse con la naturaleza, generar oportunidades y habitar el territorio.
Regenerar también es aprender a habitar
En el Centro de Inspiración Solunagua y el Refugio Natural Taibará conocimos espacios que han ido tomando forma desde la relación entre las personas, la naturaleza y el agua. Allí encontramos alternativas de hospedaje y encuentro que buscan reducir su impacto sobre el entorno, como sistemas naturales de filtración y manejo responsable del agua, especialmente relevante en un territorio atravesado por el río Arenal.
Estas experiencias permitieron conversar sobre una idea que atravesó todo el intercambio: el turismo regenerativo no empieza necesariamente con una nueva infraestructura, sino con otra manera de relacionarse con el territorio. Cuidar el agua, reconocer los ciclos de la naturaleza, generar espacios de encuentro y permitir que quienes habitan el lugar sean protagonistas de la experiencia son decisiones que pueden transformar la manera en que entendemos el turismo.
En Casa Prana también conocimos una historia de vida construida alrededor de esta relación con el territorio. La vivienda, levantada progresivamente a partir de materiales recuperados, es hoy también un espacio que puede recibir visitantes y compartir productos elaborados con los frutos de la huerta. El baño seco y otras prácticas de manejo responsable del agua muestran cómo las decisiones cotidianas pueden convertirse en parte de una experiencia de turismo más consciente.

La tierra también tiene algo que enseñarnos
Otro de los aprendizajes estuvo en Casa Piedra, donde nos acercamos a prácticas agroecológicas y a la elaboración de bioinsumos a partir de elementos del propio territorio. Conocer los microorganismos presentes en la materia orgánica del bosque y aprender a utilizarlos para nutrir el suelo o manejar hongos y plagas permitió reconocer que regenerar también significa recuperar conocimientos sobre cómo funciona la tierra y trabajar con sus propios ciclos.
No se trató solamente de conocer una técnica. Fue una oportunidad para comprender que existen otras formas de producir que buscan cuidar simultáneamente el suelo, el agua, las plantas, los animales y las personas. Un conocimiento que, cuando se comparte, deja de ser únicamente una práctica local y puede convertirse en aprendizaje para otros territorios.
Fotos Mauricio Montoya
El cacao como historia, economía y experiencia
En la Finca Agroecológica Casaí, junto a Santiago Bedoya, el intercambio tomó otra forma. Allí conocimos un proyecto alrededor del cacao que ha crecido junto con el territorio y que combina producción, biodiversidad y experiencias para quienes lo visitan. El recorrido por la finca permitió conocer los cultivos, otros árboles frutales y florales y las prácticas agroecológicas que acompañan su producción.
También vivimos el proceso de transformar el cacao: tostarlo, abrirlo y convertirlo en chocolate. La experiencia permitió mirar más allá del producto final y reconocer todo lo que existe detrás de él: la tierra, las plantas, los conocimientos y las personas que hacen posible que un producto local llegue a quienes lo visitan. En ese sentido, el turismo puede convertirse también en una forma de conectar las economías locales con las historias que les dan sentido.
El intercambio cerró en la Reserva Natural Zafra, alrededor del mercadillo local, un espacio donde los productos y emprendimientos del territorio encuentran un lugar para encontrarse con quienes lo visitan. Fue también una manera de reconocer que las economías locales hacen parte de cualquier conversación sobre turismo regenerativo: cuidar un territorio implica también generar condiciones para que quienes lo habitan puedan encontrar oportunidades dignas en él.
Fotos Mauricio Montoya
De San Rafael a Medellín: una conversación que continúa
El valor de este encuentro estuvo en poner en diálogo experiencias diferentes. Funimos no llegó únicamente a conocer qué hace Rizoma; llegó con actores de Medellín que también están construyendo respuestas desde sus propios territorios. Plaza Botero, Sierra Pujante, La Asomadera y Distrito Candelaria llevan consigo conocimientos y experiencias que ahora pueden entrar en conversación con lo aprendido en San Rafael.
El intercambio continuará próximamente en Medellín, donde Rizoma será recibido por Funimos y sus aliados para conocer las experiencias de turismo regenerativo que se están construyendo en la ciudad. El propósito es seguir explorando una posible articulación entre ambos territorios, reconociendo que no se trata de replicar un modelo de un lugar a otro, sino de aprender de las diferencias y encontrar aquello que puede construirse juntos.
Para TerritoriA, estos intercambios son una expresión concreta de la filantropía comunitaria: poner en circulación conocimientos, relaciones y capacidades para que los territorios puedan aprender unos de otros. Porque cuando las personas se encuentran desde la confianza y el reconocimiento de lo que cada lugar ya tiene para ofrecer, aparecen posibilidades que difícilmente podrían construirse de manera aislada.







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