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De Bogotá a Barichara: territorios que se encuentran para aprender y construir juntos

Foto del escritor: Santiago Salguero
Santiago Salguero
hace 2 horas
3 min de lectura

¿Qué puede pasar cuando personas de distintos territorios se encuentran no para llevar respuestas, sino para hacerse preguntas, compartir lo que han aprendido y descubrir nuevas posibilidades?


Esa fue la invitación del Intercambio de Aprendizajes 2026, un recorrido que reunió en Colombia a personas y organizaciones de Argentina, Brasil y Colombia alrededor de una pregunta común: ¿qué se vuelve posible cuando los recursos, las capacidades y las relaciones que ya existen en un territorio comienzan a conectarse alrededor de un propósito compartido?


Durante varios días, el grupo recorrió Bogotá y Barichara, acercándose a experiencias, organizaciones y personas que, desde distintos lugares, están construyendo nuevas formas de relacionarse con sus territorios.


Empezar por reconocer lo que ya existe


El intercambio comenzó en Bogotá, donde el grupo conoció la experiencia de la Fundación Territorial Paisano y tuvo un primer acercamiento al Movimiento de Fundaciones Territoriales, sus principios y las distintas formas en que estas organizaciones pueden actuar como infraestructura para conectar actores, capacidades y recursos.


La conversación continuó con iniciativas locales de Bogotá, abriendo un espacio para conocer experiencias de sociedad civil y preguntarse qué hace posible que diferentes actores se encuentren, colaboren y movilicen recursos alrededor de propósitos comunes.

Fue también una oportunidad para reconocer que los territorios están llenos de activos que muchas veces permanecen desconectados: conocimientos, liderazgos, organizaciones, redes, capacidades empresariales, recursos financieros y no financieros. El desafío no siempre es encontrar algo nuevo, sino hacer visibles esas capacidades y generar las condiciones para que puedan encontrarse.


Después de Bogotá, el camino llevó al grupo hacia Barichara.



Seguir el hilo del territorio


En Barichara, la experiencia tomó otra forma. El territorio se convirtió en aula, escenario y punto de partida para aprender desde la práctica.


Durante varios días, el grupo conoció de cerca el trabajo de la Fundación Territorial Barichara Regenerativa y las relaciones que ha construido con diferentes actores locales. El recorrido pasó por el agua, la cultura, la economía y las iniciativas comunitarias, permitiendo observar cómo distintas personas y organizaciones están aportando a la regeneración desde sus propios lugares.


El hilo del agua llevó hasta el Acueducto Comunitario Aguas Cristalinas. La cultura apareció en el encuentro con la Fundación Cultural Ojo de Agua. La economía regenerativa tomó forma en Casa Común, donde se compartieron experiencias alrededor de productores locales, circuitos económicos y nuevas formas de colaboración.


Pero más que conocer proyectos, el intercambio permitió conocer las relaciones que los hacen posibles.


Personas que cuidan un acueducto. Comunidades que sostienen espacios culturales. Productores que crean otras formas de economía. Organizaciones que acompañan procesos locales. Actores que, desde capacidades distintas, encuentran maneras de aportar a un mismo territorio.



Una semilla que sigue viajando


Al cerrar el recorrido, cada participante recibió una Semilla de Territorio Vivo. Una pequeña semilla como símbolo de algo mucho más grande: los aprendizajes también necesitan tierra, cuidado, tiempo y conversación para germinar.


El intercambio termina, pero las preguntas siguen viajando con quienes participaron.

Porque cuando un territorio se encuentra con otro, no necesariamente se lleva un modelo. Puede llevarse una mirada distinta, una relación nueva, una pregunta que antes no existía o la certeza de que aquello que parecía imposible puede comenzar a construirse cuando las capacidades dejan de estar aisladas.


De Bogotá a Barichara, y de Colombia hacia otros territorios, este intercambio nos recuerda que construir territorios vivos también significa aprender a reconocernos como parte de una red más amplia de personas, organizaciones y comunidades que están imaginando y haciendo posible otras formas de desarrollo desde lo local.

La semilla ya está en otras manos. Ahora nos queda hacerla florecer juntos.



 
 
 

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