LARIS 2026: ¿Está el capital al servicio de la vida? Fue la pregunta que resonó en mi tras mi participación en Laris.
- Santiago Salguero
- hace 23 horas
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Por Paula Jaime

¿Cómo movemos el dinero hacia donde realmente puede cuidar, regenerar y transformar los sistemas vivos, y no solo hacia donde el modelo financiero se siente cómodo?
Durante tres días, el encuentro nos invitó a entender que a inversión de impacto y la filantropía comunitaria comparten muchas aspiraciones, pero todavía necesitan construir más puentes relacionales, conceptuales y prácticos para encontrarse de manera honesta.
Regenerar implica revisar desde dónde se decide, quién define el valor, cómo se distribuye el poder y qué relaciones hacen posible que la vida florezca.
Una de las frases que más resonó fue la de Carolina Fernández, de Cascading:
No hay valor si no hay salud en los suelos, en las comunidades que sostienen los procesos.
Esa afirmación condensa uno de los aprendizajes centrales del encuentro: el valor regenerativo no puede separarse del lugar. No existe en abstracto.
Sucede en territorios concretos, se sostienen de relaciones vivas, con el liderazgo colectivo de comunidades que conocen sus ciclos, sus heridas, sus capacidades y sus propias formas de sostener la vida.
También se dijo con claridad que
El capital debe estar al servicio de la vida y no gobernarla.
Como planteó Pablo de la Fundación Avina, en una de las conversaciones. Esa frase abre una conversación incómoda pero necesaria para el ecosistema filantrópico y financiero:
¿Qué pasa cuando el dinero llega antes que la escucha?, ¿Qué se pierde cuando el capital exige velocidad a territorios que funcionan con otros ritmos?, ¿Cómo evitar que la inversión de impacto reproduzca, con nuevo lenguaje, viejas formas de extracción?
Desde la filantropía comunitaria, esta conversación tiene mucho que aportar. Porque allí donde la inversión ve riesgo, los procesos locales ven confianza, posibilidad y reciprocidad.

La cuestión
no es escalabilidad, es que cada quien se haga cargo de una parte.
Como se recogió en una de las reflexiones de LARIS. Este encuentro nos recordó que la regeneración necesita nuevos instrumentos financieros, sí, pero también nuevas disposiciones éticas. Necesita inversión paciente, capital catalítico, mecanismos híbridos, fondos biorregionales y modelos de riesgo compartido. Pero, sobre todo, necesita “bañarnos en humildad” y respeto cuando entramos a apoyar procesos territoriales.
Quizás ahí está uno de los puentes más potentes entre la inversión de impacto y la filantropía comunitaria: pasar de financiar soluciones aisladas a sostener ecosistemas en el largo plazo. Pasar de medir únicamente resultados a comprender relaciones. Pasar de invertir en proyectos a confiar en procesos liderados por territorios. Pasar de preguntarnos cuánto retorna el capital a preguntarnos qué condiciones crea para que la vida se regenere.

Otra reflexión que nos dejó participar en este encuentro es que necesitamos mejores conversaciones, mejores preguntas y mejores acuerdos entre quienes movilizan recursos y quienes cuidan los territorios todos los días. Ese es un puente necesario y posible si lo tejemos a varias manos. Es urgente que la filantropía comunitaria pueda dialogar con nuevos mecanismos financieros capaces de movilizar recursos hacia procesos vivos, territoriales y de largo plazo. Finalmente, si el capital quiere participar en la regeneración, tendremos que aprender a escucharnos mejor y a entender al territorio antes de intentar transformarlo.
Un abrazo






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