San Rafael fue escenario del Encuentro Nacional 2026 para proyectar el futuro del Movimiento de Fundaciones Territoriales
- Territoria Colombia
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Entre el 22 y el 25 de febrero de 2026, liderazgos del Movimiento de Fundaciones Territoriales se reunieron en San Rafael, Antioquia, para detenerse, leer el momento actual del movimiento y proyectar sus próximos pasos. Más que un encuentro anual, fue un espacio de aprendizaje colectivo para reconocer desafíos, compartir prácticas y fortalecer una apuesta común: movilizar recursos, capacidades y relaciones desde los territorios para construir desarrollo con mayor autonomía, cuidado y sostenibilidad.
El contexto del encuentro fue significativo. San Rafael, con su riqueza hídrica, biodiversidad y procesos comunitarios ligados al cuidado del agua y la regeneración, ofreció un escenario coherente con el propósito de este espacio. La elección del lugar no fue casual: el encuentro se desarrolló entre la Reserva Natural Zafra, Aracarí Ecolodge, el Santuario de Yoga Vanadurga Ashram, el templo de la montaña (Solunagua) y Taibará, entre otros espacios que comparten apuestas por la regeneración territorial, la bioconstrucción, la vida comunitaria y la convivencia con los ecosistemas naturales.
En medio de tensiones como la disminución de la cooperación internacional, los retos de autosostenibilidad y las preguntas sobre gobernanza, el movimiento también mostró señales claras de madurez, crecimiento y consolidación territorial. La cosecha del encuentro subraya además que este espacio fue asumido como un rito del movimiento: un momento que potencia la cohesión, activa la movilización colectiva y cultiva los saberes compartidos en esta apuesta nacional.
Participaron CreAmos (El Tambo, Cauca), Barichara Regenerativa (Barichara, Santander), FUNIMOS (Medellín, Antioquia), Florencia Vida Agua y Paz (Florencia, Caquetá), Paisano (Bogotá D.C.), TAMSA (Guasca, Cundinamarca), junto a procesos en conformación como Fundación Rizoma (San Rafael, Antioquia) y organizaciones en transición como Visión Suroeste (Medellín, Antioquia), con el acompañamiento de TerritoriA y la visita de Mott Foundation.
Un movimiento que muestra avances concretos
Los datos compartidos durante el encuentro evidencian ese avance. En 2025, el movimiento movilizó $2.338 millones de pesos en dinero y especie: 84 % en recursos financieros y 16 % en aportes en especie, reflejo del valor del voluntariado, el conocimiento local, la infraestructura y el talento territorial. Entre 2021 y 2024, se movilizaron $2.558 millones de pesos. Actualmente existen 19 fondos temáticos activos en seis territorios, se han apoyado 69 iniciativas locales y el 52 % de los recursos ha llegado directamente a iniciativas comunitarias. Además, se han vinculado 367 actores territoriales, de los cuales 303 son organizaciones comunitarias, y más de 117 personas participan en estructuras de gobernanza. Estos datos muestran que la filantropía comunitaria no solo moviliza recursos: también fortalece confianza, tejido social y acción colectiva.
La memoria del Encuentro complementa esta lectura al señalar que el movimiento no solo crece en recursos, sino también en densidad relacional y diversidad territorial, y que los procesos avanzan a ritmos distintos: algunos se consolidan, otros se transforman y otros no continúan, dejando aprendizajes que ajustan la ruta de acompañamiento.
También reafirma que la consolidación organizativa no puede imponerse y que el acompañamiento debe ser recurrente, atento y situado, de acuerdo con las dinámicas de cada territorio.

Gobernanza, representación y poder
El primer día estuvo dedicado a la gobernanza, la representación y el poder. Las conversaciones evidenciaron que no existe un único modelo de gobernanza en las Fundaciones Territoriales. Conviven juntas directivas, asambleas, comités, círculos autogestionados y mecanismos de decisión más abiertos al territorio.
La memoria precisa que, durante este día, TerritoriA presentó los avances acumulados del Movimiento, el crecimiento de procesos territoriales, la consolidación de nuevas fundaciones y un mayor reconocimiento nacional e internacional. También se reafirmó su rol como organización de soporte —no directiva—, orientada a acompañar y potenciar los territorios desde una lógica de servicio. Esta claridad ayudó a abordar límites y retos, especialmente la necesidad de fortalecer la incidencia en escenarios de financiamiento, inversión de impacto y política pública.
Experiencias como las de Paisano, Barichara Regenerativa, TAMSA, CreAmos, Funimos, Florencia, Rizoma y Visión Suroeste mostraron que abrir la toma de decisiones fortalece legitimidad, pero también exige gestionar tensiones relacionadas con concentración de poder, transparencia, rendición de cuentas, relevos de liderazgo y sostenibilidad institucional. El aprendizaje común fue claro: gobernar desde el territorio implica escucha, revisión constante y confianza en procesos colectivos.
Asi mismo, la memoria del Encuentro aporta dos matices importantes. El primero, que el mapeo de actores fue legitimado como herramienta estratégica para leer la complejidad social de los territorios, identificar activos y orientar decisiones en función de las necesidades reales y del beneficio colectivo. El segundo, que se hizo explícita una tensión conceptual: el propósito del movimiento es fortalecer procesos territoriales desde la filantropía comunitaria, mientras que el enfoque regenerativo orienta, pero no sustituye, la definición territorial de prioridades.

Prácticas de filantropía comunitaria y sostenibilidad
El segundo día se centró en las prácticas concretas de filantropía comunitaria y en los mecanismos que pueden fortalecer la sostenibilidad del movimiento. A partir de experiencias reales, se prototiparon cuatro modelos: círculos temáticos periódicos para fortalecer el tejido relacional; una red solidaria con ahorro e intercambio entre territorios; plataformas de asesoría cruzada y sistematización de prácticas para convertir el conocimiento en un activo compartido; y una infraestructura colaborativa abierta con directorio, mentorías y aprendizaje interactivo.
El hallazgo más importante fue que la sostenibilidad no depende únicamente de captar dinero, sino de hacer circular capacidades, aprendizajes, vínculos y confianza entre territorios. La cosecha amplía esta idea al señalar que los grupos se alejaron de una visión tradicional de “financiamiento como captación externa” y se orientaron hacia modelos basados en red, reciprocidad, intercambio y fortalecimiento interno del tejido. Así, la sostenibilidad no fue entendida únicamente como ingreso monetario, sino como capacidad relacional, organizativa y de circulación de valor.
Otro elemento relevante fue la reafirmación de la corresponsabilidad como principio fundamental. El movimiento no depende de un solo actor, sino de la capacidad de sus miembros para sostener, nutrir y proyectar colectivamente los procesos. Al cierre de esta jornada, Mott Foundation agradeció especialmente la participación en estos espacios de intercambio y aprendizaje, y destacó el potencial, la autonomía, el esfuerzo y la vocación de los procesos de desarrollo territorial en Colombia y América Latina.
Una apuesta colectiva de financiamiento e impacto territorial
El tercer día estuvo dedicado al Fondo Biorregional de Regeneración Norte Andino, como apuesta colectiva de financiamiento e impacto territorial. En este espacio se abordaron preguntas sobre gobernanza, representación, narrativa y roles dentro del fondo. A partir de ejercicios de reflexión y prospectiva, se identificaron tensiones, aprendizajes y pasos a seguir para avanzar con mayor claridad.
La cosecha permite precisar que la conversación giró en torno a la definición de roles y funciones, los acuerdos ya alcanzados para el funcionamiento del fondo, el cuidado de la narrativa en espacios de posicionamiento y movilización de recursos, y la claridad de actuación de embajadores e intermediarios. Como parte del proceso, se realizó un ejercicio exploratorio con nueve trilemas de gobernanza, organizados en tres dimensiones: gobernanza y arquitectura de aprobación; elementos narrativos del fondo; y roles y relaciones del sistema. El objetivo no fue tomar decisiones formales, sino mapear preferencias, renuncias y sensibilidades colectivas para orientar futuras conversaciones sobre la gobernanza del fondo.
También se proyectó un horizonte territorial al 2031, basado en cuatro apuestas compartidas: paz territorial con cuidado de la vida, transición ecosocial, economías regenerativas con mayor autonomía y protección del agua y de los territorios bioculturales. La cosecha del Encuentro añade que, en coherencia con esta visión, se identificaron algunos pasos estratégicos: avanzar en un diseño claro de gobernanza, abrir un carril de mediación y cuidado para abordar tensiones, priorizar acciones de rápida implementación y desarrollar una ruta piloto que permita aprender en la práctica mientras el fondo entra en operación.
Una nueva etapa para el movimiento
El Encuentro Nacional 2026 dejó una certeza compartida: el movimiento está entrando en una nueva etapa. A medida que crecen los territorios, los recursos movilizados y la densidad de relaciones, también crecen los desafíos de gobernanza, sostenibilidad y articulación. Sin embargo, el encuentro reafirmó algo fundamental para TerritoriA y el Movimiento de Fundaciones Territoriales: la fuerza de esta apuesta está en la capacidad de los territorios para encontrarse, aprender juntos y seguir tejiendo soluciones desde la confianza, la colaboración y el cuidado de la vida.
Las reflexiones finales suman algunos caminos de acción para los próximos años: continuar impulsando la movilización de recursos locales para reducir la dependencia de financiamiento externo; profundizar el mapeo de actores como herramienta estratégica; seguir desarrollando infraestructuras colaborativas que permitan intercambiar capacidades, conocimientos y recursos entre las Fundaciones Territoriales; y sostener espacios periódicos de encuentro y aprendizaje colectivo como parte de la infraestructura social del movimiento. También se planteó la necesidad de seguir consolidando la gobernanza del Fondo Biorregional de Regeneración Norte Andino, definiendo con claridad roles, mecanismos de representación y el cuidado de su narrativa colectiva, mientras se avanza en acciones piloto para aprender en la práctica.

















































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