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- Bogotá Inmersiva: cuando las conexiones fortalecen las soluciones que nacen en los territorios
Un recorrido por iniciativas que muestran cómo la confianza, las alianzas y las capacidades locales pueden transformar los desafíos cotidianos en oportunidades colectivas. Bogotá es una ciudad construida por múltiples historias, organizaciones y comunidades que, día a día, crean respuestas frente a los retos de sus territorios. Reconocer esas capacidades, conectar actores diversos y visibilizar procesos que ya están ocurriendo es parte del propósito de Bogotá Inmersiva, una experiencia impulsada por Paisano para acercarse a las iniciativas que fortalecen la vida comunitaria desde lo local. En esta edición, el recorrido nos llevó por tres pilares que han orientado el trabajo de Paisano: regeneración ambiental, economías locales y bienestar y cuidado territorial. Tres caminos distintos que tienen algo en común: muestran cómo las transformaciones sostenibles se construyen cuando existen relaciones de confianza entre comunidades, organizaciones, empresas y aliados que deciden caminar juntos. Regeneración ambiental: la paradoja del agua en Bogotá El primer momento estuvo dedicado al agua, uno de los mayores retos para muchas comunidades urbanas y rurales de Bogotá. Allí conocimos la experiencia de Asoquiba, un acueducto veredal que enfrenta el desafío de responder a las necesidades crecientes de acceso al agua de sus habitantes. A través de las conexiones generadas por Paisano, Asoquiba conoció a EKO GROUP, una empresa dedicada a desarrollar soluciones innovadoras para la gestión del agua. Su sistema de recolección y potabilización de aguas lluvias ha permitido que más de 80 familias puedan contar con una alternativa para acceder a agua apta para consumo. Esta experiencia muestra el valor de conectar capacidades: una empresa que aporta conocimiento técnico y una comunidad que conoce profundamente sus necesidades y su territorio. Economías locales: conexiones que abren oportunidades El segundo pilar estuvo relacionado con las economías locales y el acceso a oportunidades. Allí conocimos la historia de Inttel Go, una empresa creada en Soacha que trabaja por democratizar el acceso a internet en Ciudad Bolívar y la comuna 4 de Soacha, incorporando también un componente social a través de becas, apoyos a hogares y acompañamiento a fundaciones. La conexión con Paisano permitió que Inttel Go accediera a mentorías en finanzas y marketing, y a través de PUM pudiera fortalecer sus capacidades para continuar creciendo. Más que una relación puntual, esta experiencia refleja cómo las alianzas territoriales se construyen con el tiempo: a partir de la confianza, el reconocimiento mutuo y la intención de aportar al bienestar colectivo. En este mismo camino conocimos Casa B, un espacio de cuidado y transformación ubicado en el barrio Belén que funciona desde 2012 y nació como un restaurante cooperativo. Con el tiempo, se ha convertido en un punto de encuentro donde la cultura, la alimentación y las actividades comunitarias fortalecen los vínculos entre quienes habitan el territorio. Este proceso también recuerda que las empresas pueden tener un papel activo dentro de los ecosistemas territoriales cuando reconocen que su impacto va más allá de su actividad económica y pueden convertirse en aliados para fortalecer capacidades locales. Bienestar y cuidado territorial: acompañar también es transformar El tercer momento nos llevó a San Bernardo y San Victorino, dos territorios con historias y dinámicas sociales propias, donde distintas iniciativas trabajan por fortalecer los vínculos comunitarios y resignificar estos espacios desde el cuidado. En San Bernardo conocimos procesos que, desde una perspectiva de reducción de daño, acompañan a personas y comunidades en contextos marcados por desafíos como el consumo problemático de sustancias, las violencias y los cambios urbanos del territorio. Allí surgió una idea clave: acompañar también es un acto terapéutico, porque sentirse cuidado y escuchado puede abrir nuevos caminos. A través de las conexiones de Paisano también conocimos una iniciativa en San Victorino que busca fortalecer el valor social y comercial de este importante sector de Bogotá, apoyando gratuitamente a comerciantes en la visibilización de sus negocios mediante las redes sociales del territorio. Ambas experiencias muestran que la transformación urbana también pasa por reconocer las historias, capacidades y personas que sostienen los barrios, creando nuevas narrativas sobre lugares que muchas veces son vistos únicamente desde sus desafíos. "Para transformar los territorios hay que vivirlos y estar ahí" Susana Fergusson Tejer conexiones para fortalecer territorios Bogotá Inmersiva nos recordó que las soluciones territoriales no siempre nacen de grandes estructuras, sino de personas y organizaciones que conocen sus contextos y trabajan todos los días para transformarlos. El papel de Paisano en estas historias ha sido precisamente ese: tejer conexiones, acercar capacidades y crear puentes entre actores diversos. Porque cuando una comunidad, una empresa, una organización social y un aliado encuentran puntos de encuentro, las posibilidades de transformación se multiplican. La filantropía comunitaria parte de reconocer que los territorios ya tienen respuestas, conocimientos y capacidades. El reto está en conectarlas, fortalecerlas y acompañarlas para que puedan crecer desde sus propias realidades.
- Funimos y Rizoma: dos territorios que se encuentran para imaginar un turismo regenerativo
Foto Mauricio Montoya Un intercambio entre Medellín y San Rafael para reconocer experiencias locales, compartir saberes y explorar nuevas formas de conectar turismo, comunidad y cuidado del territorio. Durante tres días, Funimos y Rizoma compartieron territorio, experiencias y preguntas alrededor del turismo regenerativo. Desde Medellín, Funimos llegó acompañada por representantes de la Cooperativa Plaza Botero, conformada por comerciantes de la Plaza Botero; la Cooperativa Sierra Pujante, integrada por habitantes de la Comuna 8, sector La Sierra; el Colectivo Eso Tan Fácil, vinculado al Cerro La Asomadera; y Distrito Candelaria. Actores diversos, mapeados por Funimos, que desde sus propios contextos vienen trabajando alrededor del turismo, la cultura, la economía local y el territorio. En San Rafael, Rizoma abrió las puertas de su territorio para compartir algunas de las experiencias que hacen parte de su apuesta de turismo regenerativo. El recorrido pasó por el Centro de Inspiración Solunagua, junto a Claudio Madaune; el Refugio Natural Taibará, con Sergio Márquez; Casa Prana, con Gerardo Montoya; Mundo Aparte, en el entorno del río; Casa Piedra; la Finca Agroecológica Casaí, junto a Santiago Bedoya; y la Reserva Natural Zafra, donde finalmente compartimos el mercadillo local. Cada lugar permitió conocer una forma distinta de relacionarse con la naturaleza, generar oportunidades y habitar el territorio. Regenerar también es aprender a habitar En el Centro de Inspiración Solunagua y el Refugio Natural Taibará conocimos espacios que han ido tomando forma desde la relación entre las personas, la naturaleza y el agua. Allí encontramos alternativas de hospedaje y encuentro que buscan reducir su impacto sobre el entorno, como sistemas naturales de filtración y manejo responsable del agua, especialmente relevante en un territorio atravesado por el río Arenal. Estas experiencias permitieron conversar sobre una idea que atravesó todo el intercambio: el turismo regenerativo no empieza necesariamente con una nueva infraestructura, sino con otra manera de relacionarse con el territorio. Cuidar el agua, reconocer los ciclos de la naturaleza, generar espacios de encuentro y permitir que quienes habitan el lugar sean protagonistas de la experiencia son decisiones que pueden transformar la manera en que entendemos el turismo. En Casa Prana también conocimos una historia de vida construida alrededor de esta relación con el territorio. La vivienda, levantada progresivamente a partir de materiales recuperados, es hoy también un espacio que puede recibir visitantes y compartir productos elaborados con los frutos de la huerta. El baño seco y otras prácticas de manejo responsable del agua muestran cómo las decisiones cotidianas pueden convertirse en parte de una experiencia de turismo más consciente. Fotos Mauricio Montoya La tierra también tiene algo que enseñarnos Otro de los aprendizajes estuvo en Casa Piedra, donde nos acercamos a prácticas agroecológicas y a la elaboración de bioinsumos a partir de elementos del propio territorio. Conocer los microorganismos presentes en la materia orgánica del bosque y aprender a utilizarlos para nutrir el suelo o manejar hongos y plagas permitió reconocer que regenerar también significa recuperar conocimientos sobre cómo funciona la tierra y trabajar con sus propios ciclos. No se trató solamente de conocer una técnica. Fue una oportunidad para comprender que existen otras formas de producir que buscan cuidar simultáneamente el suelo, el agua, las plantas, los animales y las personas. Un conocimiento que, cuando se comparte, deja de ser únicamente una práctica local y puede convertirse en aprendizaje para otros territorios. Fotos Mauricio Montoya El cacao como historia, economía y experiencia En la Finca Agroecológica Casaí, junto a Santiago Bedoya, el intercambio tomó otra forma. Allí conocimos un proyecto alrededor del cacao que ha crecido junto con el territorio y que combina producción, biodiversidad y experiencias para quienes lo visitan. El recorrido por la finca permitió conocer los cultivos, otros árboles frutales y florales y las prácticas agroecológicas que acompañan su producción. También vivimos el proceso de transformar el cacao: tostarlo, abrirlo y convertirlo en chocolate. La experiencia permitió mirar más allá del producto final y reconocer todo lo que existe detrás de él: la tierra, las plantas, los conocimientos y las personas que hacen posible que un producto local llegue a quienes lo visitan. En ese sentido, el turismo puede convertirse también en una forma de conectar las economías locales con las historias que les dan sentido. El intercambio cerró en la Reserva Natural Zafra, alrededor del mercadillo local, un espacio donde los productos y emprendimientos del territorio encuentran un lugar para encontrarse con quienes lo visitan. Fue también una manera de reconocer que las economías locales hacen parte de cualquier conversación sobre turismo regenerativo: cuidar un territorio implica también generar condiciones para que quienes lo habitan puedan encontrar oportunidades dignas en él. Fotos Mauricio Montoya De San Rafael a Medellín: una conversación que continúa El valor de este encuentro estuvo en poner en diálogo experiencias diferentes. Funimos no llegó únicamente a conocer qué hace Rizoma; llegó con actores de Medellín que también están construyendo respuestas desde sus propios territorios. Plaza Botero, Sierra Pujante, La Asomadera y Distrito Candelaria llevan consigo conocimientos y experiencias que ahora pueden entrar en conversación con lo aprendido en San Rafael. El intercambio continuará próximamente en Medellín, donde Rizoma será recibido por Funimos y sus aliados para conocer las experiencias de turismo regenerativo que se están construyendo en la ciudad. El propósito es seguir explorando una posible articulación entre ambos territorios, reconociendo que no se trata de replicar un modelo de un lugar a otro, sino de aprender de las diferencias y encontrar aquello que puede construirse juntos. Para TerritoriA, estos intercambios son una expresión concreta de la filantropía comunitaria: poner en circulación conocimientos, relaciones y capacidades para que los territorios puedan aprender unos de otros. Porque cuando las personas se encuentran desde la confianza y el reconocimiento de lo que cada lugar ya tiene para ofrecer, aparecen posibilidades que difícilmente podrían construirse de manera aislada. Foto Mauricio Montoya
- Cuando un territorio florece desde sus propias raíces
Foto Paula Urueña Hay territorios que nos recuerdan que la transformación comienza cuando las personas se encuentran, comparten sus saberes y deciden construir juntas el futuro que quieren habitar. En Guasca, ese camino se ha venido tejiendo desde las comunidades, las organizaciones locales, las instituciones educativas, las Juntas de Acción Comunal, los artistas y los diferentes liderazgos que reconocen que el cuidado del territorio es una tarea compartida. Con esa convicción nació el Fondo Socioambiental TAMSA, una apuesta que busca fortalecer iniciativas capaces de nutrir la vida, proteger la naturaleza y fortalecer el tejido social desde lo local. Más que una convocatoria, el Fondo abrió un espacio para reconocer que en Guasca ya existen personas y organizaciones que trabajan diariamente por el bienestar del territorio y que, al contar con mayores capacidades y confianza, pueden ampliar su impacto. Como resultado de este proceso fueron seleccionadas cuatro iniciativas que reflejan la diversidad de actores, conocimientos y sueños que habitan el municipio. Contadores de Historias de Páramo busca recuperar las voces de quienes conocen profundamente la alta montaña: las familias campesinas. A través de sus relatos y experiencias, esta iniciativa acerca a nuevas generaciones y habitantes urbanos a la riqueza ambiental y cultural del páramo, promoviendo el reconocimiento de este ecosistema y la importancia de su conservación. Desde la educación, Germinando y cosechando semillas de aprendizaje convirtió la huerta escolar en un escenario para aprender haciendo. Con el liderazgo de docentes, estudiantes y familias de la Institución Educativa Domingo Savio, niñas y niños fortalecen conocimientos sobre agricultura sostenible, alimentación saludable y cuidado ambiental mientras desarrollan valores como la responsabilidad, el trabajo en equipo y el sentido de pertenencia por su territorio. Por su parte, Somos Socios: Red de crecimiento local propone fortalecer la colaboración entre pequeños y medianos comercios de Guasca, promoviendo que los emprendimientos locales se conozcan, trabajen juntos y fortalezcan la economía del municipio, generando nuevas oportunidades para productores, comerciantes y visitantes. Finalmente, La vida del Chorro El Carmen invita a mirar el territorio desde la relación que históricamente la comunidad ha construido con el agua. A partir del reconocimiento de este lugar como patrimonio natural y cultural, la iniciativa busca generar nuevas formas de comprender, cuidar y valorar los cuerpos hídricos que hacen parte de la identidad de Guasca. La construcción de este camino también ha estado acompañada por múltiples espacios de encuentro que fortalecen la confianza entre quienes habitan el territorio. Las Juntas de Acción Comunal de Santa Ana Alta y San José 1 y 2 convocaron a la comunidad para compartir una jornada donde el diálogo, el trabajo colectivo, la olla comunitaria, la música campesina y los juegos tradicionales demostraron que la comunidad también se fortalece alrededor de la palabra, la memoria y la celebración. El arte ha sido otro lenguaje para construir comunidad. En la Institución Educativa Mariano Ospina Rodríguez, estudiantes, docentes, familias y artistas participaron en la creación de un mural colectivo que hoy recuerda la estrecha relación entre el páramo, el agua y la vida. Más que transformar un muro, este proceso fortaleció el sentido de pertenencia y reafirmó que el cuidado del territorio también se aprende creando juntos. La cultura también ha servido como puente entre generaciones. En alianza con Arraigo Colombia, se realizó un homenaje a los cien años del nacimiento de Delia Zapata Olivella, una jornada donde el bullerengue, el currulao, la danza de los indios farotos y la cumbia permitieron reconocer la riqueza del folclor colombiano y la importancia de mantener vivas las expresiones culturales que fortalecen la identidad de las comunidades. Asimismo, docentes de diferentes instituciones educativas, portadores de conocimientos tradicionales y habitantes del municipio se han reunido para compartir experiencias, dialogar sobre el cuidado del páramo y reconocer el valor de la memoria, los saberes ancestrales y la educación como pilares para construir un territorio más consciente y conectado con sus raíces. Cada uno de estos procesos demuestra que la regeneración del territorio no depende únicamente de grandes proyectos. También florece cuando una comunidad decide encontrarse, cuando los saberes circulan entre generaciones, cuando las iniciativas locales reciben confianza para crecer y cuando diferentes actores descubren que trabajar juntos multiplica las posibilidades de transformar su realidad. En Guasca, ese camino continúa fortaleciéndose desde la colaboración, el reconocimiento de la riqueza local y el compromiso compartido de cuidar aquello que hace único al territorio. Porque cuando las personas se convierten en protagonistas de su propio desarrollo, no solo florecen las iniciativas: florece todo el territorio
- Ciclo Vivo, donde las ideas del territorio se convierten en acción
Fotos Fundación Barichara Regenerativa A cuatro meses de su inicio, Ciclo Vivo —un laboratorio de gobernanza y acción colectiva de la Fundación Barichara Regenerativa— sigue tomando forma a través de encuentros, aprendizajes y acciones que conectan personas, iniciativas y sueños alrededor de la regeneración de Barichara. Hoy, cinco procesos vinculados a esta estrategia avanzan desde diferentes caminos: el arte, el agua, la biodiversidad, la economía local y la organización comunitaria. Cada uno con su propio ritmo, pero todos con la misma intención: fortalecer las capacidades que ya existen en el territorio y acompañar su transformación desde adentro. La Fundación respalda estos procesos no solo con recursos económicos, sino también con mentores que fortalecen el camino de cada iniciativa. En la vereda Santa Elena, la Ruta del Arte sigue tejiendo vínculos a través de la creación colectiva. Los talleres de pintura, dibujo, tejido, danza y otras exploraciones artísticas han reunido a la comunidad rural alrededor de nuevas formas de expresarse, reconocer su entorno y fortalecer la relación entre las personas y el lugar que habitan. La Escuela del Agua y la Biodiversidad reactivó un espacio que invita a la comunidad a reencontrarse con la memoria del agua y los ecosistemas que hacen parte del territorio. Allí, los habitantes de Barichara han vuelto a mirar este lugar —que hace algunas décadas fue un balneario natural del municipio— como un espacio de aprendizaje, encuentro y cuidado, donde se entrelazan las historias del pasado con las nuevas posibilidades para el futuro. Las jornadas de creación de viveros de árboles nativos y las actividades comunitarias alrededor del agua y la biodiversidad han empezado a darle nueva vida a este paisaje. Por otro lado, el Fondo para la Restauración del Agua de Barichara ha comenzado a construir conversaciones entre el sector turístico y otros actores del territorio para imaginar nuevas formas de cuidar el agua. De este proceso surge el Sello Sembradores de Agua, una apuesta que busca reconocer prácticas conscientes y fortalecer un pacto colectivo alrededor de la restauración. El Acueducto Rural Aguas Cristalinas avanza en el fortalecimiento de un proceso comunitario que durante años ha protegido el agua de la microcuenca La Paramera y la quebrada La Cristalina como un bien común. A través de Ciclo Vivo se acompaña el mejoramiento de su infraestructura, reconociendo la importancia de estas formas de organización local que sostienen la vida de las familias campesinas. Y el Taller de Transformación de Casa Común sigue demostrando que en los recursos del territorio también habitan nuevas oportunidades. Productos provenientes de distintas veredas —como la flor de Jamaica, las hojas de la uva, la semilla de higuerilla y la penca sábila—, cultivados por manos campesinas, encuentran nuevos caminos al convertirse en productos con valor agregado, como aceites, cremas, conservas, dulces y bebidas. Así, se fortalece una economía basada en la colaboración, la creatividad y el bienestar compartido entre productores, transformadores y consumidores. Ciclo Vivo sigue creciendo como una red viva de relaciones de confianza. Un proceso que diariamente nos recuerda que la regeneración no es una meta lejana, sino una práctica cotidiana que se construye con muchas manos, con escucha activa y con la certeza de que los territorios tienen dentro de sí mismos las semillas de su propia transformación.
- LARIS 2026: ¿Está el capital al servicio de la vida? Fue la pregunta que resonó en mi tras mi participación en Laris.
Por Paula Jaime ¿Cómo movemos el dinero hacia donde realmente puede cuidar, regenerar y transformar los sistemas vivos, y no solo hacia donde el modelo financiero se siente cómodo? Durante tres días, el encuentro nos invitó a entender que a inversión de impacto y la filantropía comunitaria comparten muchas aspiraciones, pero todavía necesitan construir más puentes relacionales, conceptuales y prácticos para encontrarse de manera honesta. Regenerar implica revisar desde dónde se decide, quién define el valor, cómo se distribuye el poder y qué relaciones hacen posible que la vida florezca. Una de las frases que más resonó fue la de Carolina Fernández, de Cascading: No hay valor si no hay salud en los suelos, en las comunidades que sostienen los procesos. Esa afirmación condensa uno de los aprendizajes centrales del encuentro: el valor regenerativo no puede separarse del lugar. No existe en abstracto. Sucede en territorios concretos, se sostienen de relaciones vivas, con el liderazgo colectivo de comunidades que conocen sus ciclos, sus heridas, sus capacidades y sus propias formas de sostener la vida. También se dijo con claridad que El capital debe estar al servicio de la vida y no gobernarla. Como planteó Pablo de la Fundación Avina, en una de las conversaciones. Esa frase abre una conversación incómoda pero necesaria para el ecosistema filantrópico y financiero: ¿Qué pasa cuando el dinero llega antes que la escucha?, ¿Qué se pierde cuando el capital exige velocidad a territorios que funcionan con otros ritmos?, ¿Cómo evitar que la inversión de impacto reproduzca, con nuevo lenguaje, viejas formas de extracción? Desde la filantropía comunitaria, esta conversación tiene mucho que aportar. Porque allí donde la inversión ve riesgo, los procesos locales ven confianza, posibilidad y reciprocidad. La cuestión no es escalabilidad, es que cada quien se haga cargo de una parte. Como se recogió en una de las reflexiones de LARIS. Este encuentro nos recordó que la regeneración necesita nuevos instrumentos financieros, sí, pero también nuevas disposiciones éticas. Necesita inversión paciente, capital catalítico, mecanismos híbridos, fondos biorregionales y modelos de riesgo compartido. Pero, sobre todo, necesita “bañarnos en humildad” y respeto cuando entramos a apoyar procesos territoriales. Quizás ahí está uno de los puentes más potentes entre la inversión de impacto y la filantropía comunitaria: pasar de financiar soluciones aisladas a sostener ecosistemas en el largo plazo. Pasar de medir únicamente resultados a comprender relaciones. Pasar de invertir en proyectos a confiar en procesos liderados por territorios. Pasar de preguntarnos cuánto retorna el capital a preguntarnos qué condiciones crea para que la vida se regenere. Otra reflexión que nos dejó participar en este encuentro es que necesitamos mejores conversaciones, mejores preguntas y mejores acuerdos entre quienes movilizan recursos y quienes cuidan los territorios todos los días. Ese es un puente necesario y posible si lo tejemos a varias manos. Es urgente que la filantropía comunitaria pueda dialogar con nuevos mecanismos financieros capaces de movilizar recursos hacia procesos vivos, territoriales y de largo plazo. Finalmente, si el capital quiere participar en la regeneración, tendremos que aprender a escucharnos mejor y a entender al territorio antes de intentar transformarlo. Un abrazo
- Filantropía con arraigo territorial: una invitación a tejer el futuro filantrópico de Colombia
Un estudio de TerritoriA y el Johnson Center for Philanthropy abre una conversación sobre cómo las familias filantrópicas y las Fundaciones Territoriales pueden fortalecer juntas el desarrollo desde los territorios. La filantropía en Colombia está cambiando. Cada vez más familias, fundaciones y actores de la inversión social privada reconocen que los caminos de desarrollo duradero se construyen desde el territorio, con relaciones de confianza, visión de largo plazo y una comprensión más profunda de las capacidades locales. En ese contexto nace el estudio “Filantropía con arraigo territorial: cómo las familias filantrópicas y las Fundaciones Territoriales pueden catalizar juntas el futuro filantrópico de Colombia”, desarrollado por TerritoriA y el Johnson Center for Philanthropy de Grand Valley State University, con la colaboración de la Asociación de Fundaciones Empresariales y Familiares (AFE), Makaia y Filantrópico. El estudio se construyó a partir de conversaciones con actores de la filantropía familiar y empresarial en Colombia. Actualmente, el documento se encuentra en proceso de cierre y diagramación. Por eso, los encuentros realizados en Bogotá y Cali presentaron los hallazgos más importantes y buscaron seguir nutriendo la versión final con nuevas reflexiones, preguntas y aportes del ecosistema. Más que entregar respuestas cerradas, este proceso abre una pregunta urgente para el país: ¿cómo puede la filantropía familiar apalancar su impacto en los territorios, sus liderazgos, sus capacidades y sus formas propias de construir futuro? Una conversación necesaria para el ecosistema El estudio parte de una intuición poderosa: Colombia no carece de generosidad. Lo que necesita fortalecer son los mecanismos que permiten que esa generosidad se conecte, se organice y se sostenga en el tiempo. Hoy existen familias y fundaciones que ya trabajan con una mirada territorial, que invierten en relaciones de largo plazo y que buscan impactos más sostenibles. Al mismo tiempo, las Fundaciones Territoriales vienen consolidándose como plataformas locales capaces de articular actores, movilizar recursos y fortalecer la confianza en los territorios. En los encuentros de Bogotá y Cali, esta conversación tomó vida a partir de las voces de quienes participaron. Allí aparecieron ideas como el arraigo territorial, el legado familiar, la confianza, la sostenibilidad, la gobernanza compartida, el rol de la cultura y la necesidad de crear mecanismos más colaborativos para que los recursos lleguen con mayor pertinencia a los territorios. Allí aparece una oportunidad: tejer mejores puentes entre la filantropía familiar, la filantropía comunitaria y las Fundaciones Territoriales. Lo que propuso la conversación en Bogotá y Cali El informe invita a mirar la filantropía no solo desde los recursos que moviliza, sino desde las relaciones que construye. También plantea que el futuro filantrópico de Colombia puede fortalecerse si las familias, las organizaciones de apoyo y las Fundaciones Territoriales encuentran formas más intencionadas de colaborar, aprender entre pares y construir confianza desde los territorios. Los encuentros de socialización fueron parte de ese camino. A partir de los hallazgos preliminares, estos espacios permitieron abrir conversación, contrastar ideas y recoger nuevas perspectivas que ayudarán a enriquecer el documento final. En Bogotá, la conversación permitió reconocer que la filantropía familiar con enfoque territorial se asocia con comunidad, legado, tradición, solidaridad y transformación local. También surgieron preguntas sobre el papel de las familias empresarias en los territorios, la necesidad de equilibrar intereses privados y bien común, y la importancia de avanzar hacia formas de gobernanza más horizontales. En Cali, las reflexiones profundizaron en la sostenibilidad de las organizaciones, la confianza entre actores, la articulación con lo público, los aprendizajes de experiencias como Yumbo y Compromiso Valle, y los retos de construir infraestructura filantrópica local que permita conectar recursos, decisiones y capacidades territoriales. En ambos espacios apareció una idea común: la filantropía familiar ya está cambiando, pero necesita mejores puentes para que esos avances no caminen aislados. Preguntas que siguen abiertas El estudio explora preguntas como: ¿Qué significa tener arraigo territorial en la práctica filantrópica? ¿Cómo se construyen relaciones de confianza entre familias, comunidades y actores locales? ¿Qué papel pueden cumplir las Fundaciones Territoriales como infraestructura filantrópica local? ¿Qué se vuelve posible cuando los actores del ecosistema trabajan conectados y no en paralelo? A estas preguntas, los encuentros sumaron nuevas inquietudes: ¿Cómo conectar mejor la generosidad que ya existe en Colombia con las capacidades de los territorios? ¿Qué mecanismos pueden ayudar a que familias, empresas, organizaciones comunitarias y Fundaciones Territoriales trabajen de forma más articulada? ¿Cómo avanzar hacia modelos donde las comunidades participen más activamente en las decisiones sobre los recursos? ¿Qué canales pueden crearse en territorios donde aún no existen Fundaciones Territoriales, pero sí hay organizaciones locales con experiencia, legitimidad y conocimiento situado? Estas preguntas no cierran la conversación. La amplían. Lo que fuimos cosechando De los encuentros surgieron algunas ideas fuerza que seguirán alimentando el documento final. La generosidad ya existe. Colombia cuenta con familias, fundaciones, empresas y organizaciones comprometidas con los territorios. El reto está en conectar mejor esa voluntad, organizarla y sostenerla en el tiempo. La confianza es infraestructura. Las transformaciones duraderas no dependen solo de recursos económicos. También necesitan relaciones de largo plazo, escucha, reconocimiento mutuo y capacidad de trabajar con otros. El territorio es más que un lugar de intervención. Actuar con enfoque territorial implica reconocer memorias, liderazgos, capacidades locales, tensiones y formas propias de organización. La colaboración necesita mecanismos. No basta con querer trabajar juntos. Se requieren fondos, agendas compartidas, espacios de gobernanza, canales de circulación de recursos y formas de decisión más horizontales. Las Fundaciones Territoriales pueden ser puente. Su rol no es reemplazar a otros actores, sino ayudar a conectar capacidades, recursos, confianza y decisiones desde el territorio. ¿Por qué seguir esta conversación? Este artículo presenta apenas una entrada a una conversación más amplia. El documento final desarrollará los hallazgos del estudio, recogerá aprendizajes de las entrevistas y propondrá caminos concretos para fortalecer la colaboración entre familias filantrópicas, Fundaciones Territoriales y organizaciones del ecosistema. La versión final del estudio estará disponible en agosto de 2026. Hasta entonces, las reflexiones recogidas en Bogotá y Cali seguirán siendo clave para escuchar, contrastar y tejer nuevas preguntas alrededor del futuro filantrópico de Colombia. Desde TerritoriA creemos que el futuro filantrópico del país se construye desde los territorios y a varias manos. Por eso, este proceso es una invitación a reconocer lo que ya existe, conectar mejor los esfuerzos y seguir tejiendo confianza, recursos y capacidades locales para transformaciones más duraderas. “Los caminos de desarrollo duradero se construyen desde el territorio y a varias manos.” El estudio final estará disponible en agosto de 2026. Allí compartiremos los hallazgos completos, los aprendizajes recogidos en Bogotá y Cali, y nuevas oportunidades para seguir tejiendo colaboración entre familias, filantropía comunitaria y Fundaciones Territoriales.
- El arquetipo de sembrador y el rol de las Fundaciones Territoriales en Colombia tras 4 años de aprendizaje
Por Paula Jaime Créditos: Santiago Salguero, Encuentro Nacional 2026 El 2 de mayo de este año TerritoriA cumple 4 años como organización y yo cumplo casi 3 años siendo parte de ella. Y en retrospectiva, ha sido un tiempo de aprendizajes y resultados que nos demuestran que hemos construido un proceso fuerte en compañía de las Fundaciones Territoriales en Colombia, de colegas y aliados financiadores. El año pasado por primera vez, las Fundaciones Territoriales (FT) realizaron un ejercicio colectivo de mapeo de actores que sirvió para confirmar el potencial que tienen las Fundaciones Territoriales de identificar, conectar y potenciar agentes de cambio en sus territorios, así como de reconocer que ya existe una base sólida de capacidades, relaciones y procesos que, al articularse, pueden escalar su impacto. Este ejercicio permitió visibilizar la densidad del tejido social en los territorios y el rol clave de las FT como infraestructura que lo activa Según Rockefeller Philanthropy Advisors (RPA, 2020), es posible comprender una organización filantrópica analizando qué arquetipo describe mejor la forma en que opera. El arquetipo de Sembrador es un actor que da un gran número de subvenciones a una amplia gama de actores individuales e instituciones, mediante concesión de subvenciones flexibles, participativas y basada en la confianza (idem). Los sembradores son actores que cuentan con el efecto acumulativo para cultivar cambios profundos y que se sostengan en el tiempo. Analicemos cada uno de los atributos que describen este arquetipo a la luz de lo que el Movimiento de Fundaciones Territoriales ha construido desde 2022 cuando se constituyó la primera FT en Colombia. Atributos del arquetipo Sembrador: el caso de las Fundaciones Territoriales Razón de existir y propuesta de valor. ¿Qué hace y por qué lo hace? Las Fundaciones Territoriales existen para potenciar la autonomía territorial a través de conocer los actores y recursos con los que ya cuenta su territorio, movilizar recursos y entregarlos a iniciativas de la sociedad civil locales para potenciarlas en colaboración con otros. Existen hoy en día 8 Fundaciones Territoriales que comparten este propósito. Ellas están potenciando el impacto en varias temáticas y áreas en Bogotá, Barichara, Medellín, El Tambo, Florencia, Guasca, Alto Putumayo y San Rafael. Con qué se lidera. ¿Cuál es el principal activo que tiene una FT para cumplir su propósito? Los principales activos con los que cuentan las Fundaciones son: un alto nivel de confianza y relaciones sólidas con alrededor de 300 actores locales diversos, capacidad ágil para movilizar recursos financieros y en especie a través de 20 fondos comunitarios temáticos, apoyo fuerte de capital humano basado en voluntariado, un propósito colectivo claro y coherente en torno a la filantropía comunitaria, comprensión profunda y sistémica de los territorios, capacidad de articulación multiactor y el potencial de escalamiento basado en el aprendizaje. Por ejemplo, a través de estos fondos comunitarios, se han entregado en total $1.341 millones de pesos a 69 iniciativas locales. En conjunto, las Fundaciones Territoriales han movilizado más de $2.5 mil millones de pesos en los últimos años, evidenciando una capacidad creciente de canalizar recursos hacia los territorios, complementada con cerca de $365 millones en recursos en especie que reflejan el valor del capital social activado. Principales capacidades/habilidades. ¿Cuáles son sus principales habilidades y capacidades? La capacidad de identificar agentes de cambio individuales y organizacionales legítimos en su territorio, sus procesos de entrega de subvenciones a través de mecanismos financieros locales participativos y la articulación de actores diversos en torno a propósitos comunes y acciones descentralizadas. Asimismo, cuentan con la capacidad de comprender y leer el ecosistema territorial, movilizar recursos de distintas fuentes y sostener procesos colectivos en el tiempo. Equidad. ¿Cómo incluye la voz de los más afectados y comparte el poder para avanzar la equidad? Establece mecanismos de retroalimentación para tener aportes clave de ciudadanos, empresas y organizaciones en la toma de decisiones, promoviendo la participación directa de las comunidades en la priorización de recursos y en la definición de agendas territoriales. Un hito importante que permitió avanzar en la práctica en este atributo fue el proceso de incidencia que realizó la Fundación Territorial Barichara y su proceso de escucha y creación de propuestas de campesinos, residentes del casco urbano para la realización del EOT del municipio. Participaron más de 700 personas en este proceso y un documento técnico de propuestas fue compartido con autoridades locales para nutrir el proceso. Respuesta/actividades. ¿Qué hace una FT para abordar los retos de sostenibilidad de las iniciativas de la sociedad civil? Proporciona financiamiento flexible y de largo plazo, convoca a actores de todo tipo que trabajen en todo tipo de temáticas y con todo tipo de poblaciones, activa redes y fortalece capacidades locales para sostener iniciativas en el territorio. A través de los fondos comunitarios y los mapeos de actores se ha podido apoyar a una amplia gama de actores del territorio, incluyendo organizaciones de base, colectivos ciudadanos, emprendimientos locales y colectivos. Relaciones/alianzas. ¿Con quién lo hace? Las Fundaciones Territoriales tienen en su conjunto a 17 personas contratadas en sus equipos y 100 personas voluntarias han participado de actividades gestionadas por la Fundación Territorial. Tienen una estructura liviana de staff y una alta participación de voluntarios. En promedio, existen 6 voluntarios por cada persona contratada en una FT. Esto se complementa con alianzas con financiadores locales, nacionales e internacionales y organizaciones de base. Evaluación del impacto. ¿Dónde se buscan los cambios? Para las Fundaciones Territoriales lo clave es avanzar en la autonomía del territorio, su capacidad de organización, resiliencia y la mejora del bienestar. Reflejados en el fortalecimiento del tejido social, el aumento de iniciativas locales financiadas, la restauración de ecosistemas naturales para aportar a la regeneración territorial y la consolidación de procesos colectivos en los territorios. Aunque una medición de impacto sistemática no se ha realizado hasta el momento, este importante proceso es una prioridad de trabajo y un compromiso con los territorios. Tras cuatro años de aprendizaje, el Movimiento de Fundaciones Territoriales en Colombia ha trabajado para activar el potencial existente en los territorios, movilizando recursos de forma flexible y basada en la confianza. Ha sido un tiempo en el que se han fortalecido procesos colectivos que buscan autonomía y bienestar en el largo plazo. Todavía quedan varios retos en este camino y preguntas de cómo seguir profundizando nuestra práctica.
- TerritoriA presentó el Mapeo de Actores Clave del Ecosistema Filantrópico en Colombia para abrir una conversación sobre co-inversión territorial
TerritoriA ha venido convocando espacios de conversación con actores clave del ecosistema filantrópico colombiano para presentar los resultados del Mapeo de Actores Clave del Ecosistema Nacional de Filantropía Comunitaria . Este encuentro presencial reunió representantes de fundaciones empresariales, organizaciones sociales, redes regionales, cooperación internacional y articuladores del ecosistema, con el propósito de analizar el panorama actual de la filantropía en Colombia y explorar nuevas formas de co-inversión territorial basadas en principios de filantropía comunitaria. El evento, que tuvo lugar el 5 de marzo, combinó tres componentes: la presentación de resultados de investigación, un diálogo entre actores del ecosistema y un ejercicio participativo de simulación de gobernanza y financiamiento colectivo. Más que una socialización de hallazgos, fue una conversación orientada a comprender cómo se está moviendo hoy la filantropía en el país y qué condiciones se necesitan para diseñar mecanismos más colaborativos, legítimos y conectados con los territorios. Un mapeo para leer el ecosistema filantrópico desde la filantropía comunitaria El Mapeo Nacional presentado por TerritoriA, en representación del Movimiento de Fundaciones Territoriales, buscó comprender cómo se configura el ecosistema de filantropía comunitaria en Colombia, quiénes lo integran y qué prácticas utilizan para movilizar recursos y generar impacto territorial. La investigación incluyó conversaciones y análisis con 11 actores del ecosistema filantrópico nacional, 8 Fundaciones Territoriales y 367 actores locales en distintos territorios del país. El análisis se construyó a partir de cinco criterios propuestos por TerritoriA: poder compartido, abundancia compartida, tejido social, prácticas de subvención y sostenibilidad a largo plazo . Estos criterios permitieron observar en qué medida distintos actores del ecosistema promueven participación comunitaria en la toma de decisiones, movilizan recursos locales, fortalecen relaciones entre actores diversos, otorgan apoyos más flexibles y basados en confianza, y sostienen sus apuestas con visión de largo plazo. Lo que muestran los territorios Uno de los hallazgos más importantes del mapeo es que los territorios están movilizando mucho más que dinero. Las iniciativas locales analizadas se sostienen en una combinación de capital natural, social, cultural, intelectual y espiritual , lo que confirma que el desarrollo territorial responde a una lógica sistémica y no únicamente financiera. El estudio también muestra que el capital natural ocupa un lugar central en las prioridades territoriales: cerca de 90 iniciativas están enfocadas en el cuidado de ecosistemas, agua, suelo y biodiversidad. A esto se suma un hallazgo clave: la confianza emerge como el principal resultado del trabajo territorial, hasta el punto de que el estudio la identifica como “la moneda del territorio” . Otro resultado importante es que las soluciones territoriales aparecen como multipropósito e integradas . El mapeo evidenció que los territorios no trabajan por silos, sino que articulan dimensiones sociales, ambientales, culturales y económicas para responder a desafíos complejos. Además, identificó una base amplia y diversa para la filantropía comunitaria en Colombia: más de 360 actores locales , articulados a través de 8 Fundaciones Territoriales en 7 departamentos , lo que confirma que ya existe una infraestructura social y relacional concreta sobre la cual escalar estrategias de co-inversión y desarrollo territorial. Un ecosistema que ya se mueve hacia prácticas más territoriales El estudio también evaluó qué tan cercanos están distintos actores del ecosistema nacional a los principios de filantropía comunitaria. En promedio, los actores analizados obtienen puntajes altos en varios criterios: tejido social (4.5), poder compartido (4.3), abundancia compartida (4.3), sostenibilidad a largo plazo (4.0) y prácticas de subvención (3.4) . Estos resultados sugieren que el ecosistema colombiano ya está transitando hacia modelos más colaborativos y territoriales de inversión social, aunque todavía persisten desafíos relacionados con la flexibilidad financiera y la distribución del poder. Un ejercicio para simular la co-inversión territorial El componente central del evento fue un juego de roles diseñado para simular la creación de un mecanismo nacional de financiamiento multiactor . Los participantes asumieron distintos roles del ecosistema —fundaciones empresariales, fundaciones familiares, Fundaciones Territoriales, redes regionales, agencias de cooperación internacional y articuladores del ecosistema— y se enfrentaron a un escenario de co-inversión internacional por USD 1 millón , condicionado a la construcción de acuerdos mínimos sobre gobernanza compartida, distribución de recursos, medición de impacto y mecanismos de resolución de conflictos. El ejercicio permitió recrear tensiones reales que aparecen cuando distintos actores deben diseñar mecanismos colectivos de financiamiento territorial. A partir de este ejercicio surgieron cuatro acuerdos o prototipos de mecanismo: uno orientado al desarrollo de capacidades y activación de activos territoriales; otro centrado en la economía de la longevidad y el fortalecimiento empresarial; un tercero enfocado en agricultura familiar y fortalecimiento comunitario; y un cuarto orientado a la protección de cuencas y la regeneración territorial. Lo que dejó la conversación Las conversaciones entre los participantes permitieron identificar varios aprendizajes relevantes. El primero es que el poder no desaparece en los procesos colaborativos: se negocia . Las asimetrías entre actores influyen en la toma de decisiones, y por eso requieren reglas claras de gobernanza. El segundo es que la gobernanza explícita es fundamental , porque cuando no existen reglas claras, los actores con mayor poder financiero tienden a dominar la conversación. También se hizo evidente que la medición del impacto puede unir o fracturar alianzas . Mientras algunos financiadores buscan indicadores claros y comparables, los actores territoriales necesitan modelos más flexibles y contextualizados. Finalmente, el encuentro dejó una lección central: la confianza requiere estructura . Los acuerdos colaborativos no se sostienen solo en relaciones personales, sino en arquitecturas de gobernanza que definan límites, responsabilidades y mecanismos de cuidado compartido. Una señal de posibilidad para la filantropía en Colombia El encuentro dejó una certeza poderosa: en Colombia ya existe un ecosistema filantrópico vivo, diverso y en movimiento, pero también un momento de inflexión que exige pasar de la conversación a la arquitectura colectiva. El Mapeo Nacional no solo permitió hacer visible quiénes componen este ecosistema y cómo practican la filantropía, sino que confirmó algo más profundo: en los territorios ya se está gestando una manera distinta de movilizar recursos, construir confianza y sostener transformaciones de largo plazo. Para TerritoriA, este espacio reafirma una convicción central: el futuro de la filantropía en Colombia pasa por fortalecer las capacidades de los territorios para co-liderar su propio desarrollo, y por construir puentes más sólidos entre actores que históricamente han operado de forma fragmentada. En un contexto de reducción del financiamiento internacional, esta no es una conversación secundaria, sino estratégica. Lo que deja este evento es una señal clara de posibilidad: si visibilizamos la riqueza de actores, prácticas y activos que ya existen, y si somos capaces de diseñar estructuras mínimas que cuiden esa diversidad sin ahogarla, podremos abrir un nuevo escenario para la filantropía comunitaria en Colombia.
- San Rafael fue escenario del Encuentro Nacional 2026 para proyectar el futuro del Movimiento de Fundaciones Territoriales
Entre el 22 y el 25 de febrero de 2026 , liderazgos del Movimiento de Fundaciones Territoriales se reunieron en San Rafael, Antioquia , para detenerse, leer el momento actual del movimiento y proyectar sus próximos pasos. Más que un encuentro anual, fue un espacio de aprendizaje colectivo para reconocer desafíos, compartir prácticas y fortalecer una apuesta común: movilizar recursos, capacidades y relaciones desde los territorios para construir desarrollo con mayor autonomía, cuidado y sostenibilidad. El contexto del encuentro fue significativo. San Rafael , con su riqueza hídrica, biodiversidad y procesos comunitarios ligados al cuidado del agua y la regeneración, ofreció un escenario coherente con el propósito de este espacio. La elección del lugar no fue casual: el encuentro se desarrolló entre la Reserva Natural Zafra, Aracarí Ecolodge, el Santuario de Yoga Vanadurga Ashram, el templo de la montaña (Solunagua) y Taibará , entre otros espacios que comparten apuestas por la regeneración territorial, la bioconstrucción, la vida comunitaria y la convivencia con los ecosistemas naturales. En medio de tensiones como la disminución de la cooperación internacional, los retos de autosostenibilidad y las preguntas sobre gobernanza, el movimiento también mostró señales claras de madurez, crecimiento y consolidación territorial. La cosecha del encuentro subraya además que este espacio fue asumido como un rito del movimiento : un momento que potencia la cohesión, activa la movilización colectiva y cultiva los saberes compartidos en esta apuesta nacional. Participaron CreAmos (El Tambo, Cauca), Barichara Regenerativa (Barichara, Santander), FUNIMOS (Medellín, Antioquia), Florencia Vida Agua y Paz (Florencia, Caquetá), Paisano (Bogotá D.C.), TAMSA (Guasca, Cundinamarca) , junto a procesos en conformación como Fundación Rizoma (San Rafael, Antioquia) y organizaciones en transición como Visión Suroeste (Medellín, Antioquia) , con el acompañamiento de TerritoriA y la visita de Mott Foundation . Un movimiento que muestra avances concretos Los datos compartidos durante el encuentro evidencian ese avance. En 2025 , el movimiento movilizó $2.338 millones de pesos en dinero y especie : 84 % en recursos financieros y 16 % en aportes en especie , reflejo del valor del voluntariado, el conocimiento local, la infraestructura y el talento territorial. Entre 2021 y 2024 , se movilizaron $2.558 millones de pesos . Actualmente existen 19 fondos temáticos activos en seis territorios , se han apoyado 69 iniciativas locales y el 52 % de los recursos ha llegado directamente a iniciativas comunitarias. Además, se han vinculado 367 actores territoriales , de los cuales 303 son organizaciones comunitarias , y más de 117 personas participan en estructuras de gobernanza. Estos datos muestran que la filantropía comunitaria no solo moviliza recursos: también fortalece confianza, tejido social y acción colectiva. La memoria del Encuentro complementa esta lectura al señalar que el movimiento no solo crece en recursos, sino también en densidad relacional y diversidad territorial , y que los procesos avanzan a ritmos distintos: algunos se consolidan, otros se transforman y otros no continúan, dejando aprendizajes que ajustan la ruta de acompañamiento. También reafirma que la consolidación organizativa no puede imponerse y que el acompañamiento debe ser recurrente, atento y situado , de acuerdo con las dinámicas de cada territorio. Gobernanza, representación y poder El primer día estuvo dedicado a la gobernanza, la representación y el poder . Las conversaciones evidenciaron que no existe un único modelo de gobernanza en las Fundaciones Territoriales. Conviven juntas directivas, asambleas, comités, círculos autogestionados y mecanismos de decisión más abiertos al territorio. La memoria precisa que, durante este día, TerritoriA presentó los avances acumulados del Movimiento, el crecimiento de procesos territoriales, la consolidación de nuevas fundaciones y un mayor reconocimiento nacional e internacional. También se reafirmó su rol como organización de soporte —no directiva— , orientada a acompañar y potenciar los territorios desde una lógica de servicio. Esta claridad ayudó a abordar límites y retos, especialmente la necesidad de fortalecer la incidencia en escenarios de financiamiento, inversión de impacto y política pública. Experiencias como las de Paisano, Barichara Regenerativa, TAMSA, CreAmos, Funimos, Florencia, Rizoma y Visión Suroeste mostraron que abrir la toma de decisiones fortalece legitimidad, pero también exige gestionar tensiones relacionadas con concentración de poder, transparencia, rendición de cuentas, relevos de liderazgo y sostenibilidad institucional. El aprendizaje común fue claro: gobernar desde el territorio implica escucha, revisión constante y confianza en procesos colectivos . Asi mismo, la memoria del Encuentro aporta dos matices importantes. El primero, que el mapeo de actores fue legitimado como herramienta estratégica para leer la complejidad social de los territorios, identificar activos y orientar decisiones en función de las necesidades reales y del beneficio colectivo. El segundo, que se hizo explícita una tensión conceptual: el propósito del movimiento es fortalecer procesos territoriales desde la filantropía comunitaria , mientras que el enfoque regenerativo orienta, pero no sustituye, la definición territorial de prioridades. Prácticas de filantropía comunitaria y sostenibilidad El segundo día se centró en las prácticas concretas de filantropía comunitaria y en los mecanismos que pueden fortalecer la sostenibilidad del movimiento. A partir de experiencias reales, se prototiparon cuatro modelos: círculos temáticos periódicos para fortalecer el tejido relacional; una red solidaria con ahorro e intercambio entre territorios; plataformas de asesoría cruzada y sistematización de prácticas para convertir el conocimiento en un activo compartido; y una infraestructura colaborativa abierta con directorio, mentorías y aprendizaje interactivo . El hallazgo más importante fue que la sostenibilidad no depende únicamente de captar dinero, sino de hacer circular capacidades, aprendizajes, vínculos y confianza entre territorios. La cosecha amplía esta idea al señalar que los grupos se alejaron de una visión tradicional de “financiamiento como captación externa” y se orientaron hacia modelos basados en red, reciprocidad, intercambio y fortalecimiento interno del tejido . Así, la sostenibilidad no fue entendida únicamente como ingreso monetario, sino como capacidad relacional, organizativa y de circulación de valor . Otro elemento relevante fue la reafirmación de la corresponsabilidad como principio fundamental. El movimiento no depende de un solo actor, sino de la capacidad de sus miembros para sostener, nutrir y proyectar colectivamente los procesos. Al cierre de esta jornada, Mott Foundation agradeció especialmente la participación en estos espacios de intercambio y aprendizaje, y destacó el potencial, la autonomía, el esfuerzo y la vocación de los procesos de desarrollo territorial en Colombia y América Latina. Una apuesta colectiva de financiamiento e impacto territorial El tercer día estuvo dedicado al Fondo Biorregional de Regeneración Norte Andino , como apuesta colectiva de financiamiento e impacto territorial. En este espacio se abordaron preguntas sobre gobernanza, representación, narrativa y roles dentro del fondo . A partir de ejercicios de reflexión y prospectiva, se identificaron tensiones, aprendizajes y pasos a seguir para avanzar con mayor claridad. La cosecha permite precisar que la conversación giró en torno a la definición de roles y funciones, los acuerdos ya alcanzados para el funcionamiento del fondo, el cuidado de la narrativa en espacios de posicionamiento y movilización de recursos, y la claridad de actuación de embajadores e intermediarios. Como parte del proceso, se realizó un ejercicio exploratorio con nueve trilemas de gobernanza , organizados en tres dimensiones: gobernanza y arquitectura de aprobación; elementos narrativos del fondo; y roles y relaciones del sistema. El objetivo no fue tomar decisiones formales, sino mapear preferencias, renuncias y sensibilidades colectivas para orientar futuras conversaciones sobre la gobernanza del fondo. También se proyectó un horizonte territorial al 2031 , basado en cuatro apuestas compartidas: paz territorial con cuidado de la vida, transición ecosocial, economías regenerativas con mayor autonomía y protección del agua y de los territorios bioculturales . La cosecha del Encuentro añade que, en coherencia con esta visión, se identificaron algunos pasos estratégicos: avanzar en un diseño claro de gobernanza, abrir un carril de mediación y cuidado para abordar tensiones, priorizar acciones de rápida implementación y desarrollar una ruta piloto que permita aprender en la práctica mientras el fondo entra en operación. Una nueva etapa para el movimiento El Encuentro Nacional 2026 dejó una certeza compartida: el movimiento está entrando en una nueva etapa. A medida que crecen los territorios, los recursos movilizados y la densidad de relaciones, también crecen los desafíos de gobernanza, sostenibilidad y articulación. Sin embargo, el encuentro reafirmó algo fundamental para TerritoriA y el Movimiento de Fundaciones Territoriales : la fuerza de esta apuesta está en la capacidad de los territorios para encontrarse, aprender juntos y seguir tejiendo soluciones desde la confianza, la colaboración y el cuidado de la vida. Las reflexiones finales suman algunos caminos de acción para los próximos años: continuar impulsando la movilización de recursos locales para reducir la dependencia de financiamiento externo; profundizar el mapeo de actores como herramienta estratégica; seguir desarrollando infraestructuras colaborativas que permitan intercambiar capacidades, conocimientos y recursos entre las Fundaciones Territoriales; y sostener espacios periódicos de encuentro y aprendizaje colectivo como parte de la infraestructura social del movimiento. También se planteó la necesidad de seguir consolidando la gobernanza del Fondo Biorregional de Regeneración Norte Andino, definiendo con claridad roles, mecanismos de representación y el cuidado de su narrativa colectiva, mientras se avanza en acciones piloto para aprender en la práctica.
- Casa Encuentro en Medellín es una infraestructura social viva impulsada por Funimos
En el centro de Medellín está creciendo una apuesta que demuestra que transformar un territorio también implica crear lugares para el encuentro. Lugares donde las organizaciones puedan reunirse, compartir, pensar en común y activar nuevas posibilidades para su trabajo. Uno de esos lugares es Casa Encuentro , un espacio comunitario y colaborativo que hoy se proyecta como un punto de conexión para iniciativas sociales, culturales, educativas y de economía solidaria. Casa Encuentro nació como una apuesta impulsada por la Fundación Territorial Funimos , con una intención clara: fortalecer el ecosistema local desde un espacio físico que hiciera posible el tejido de relaciones, la colaboración entre actores diversos y la experimentación colectiva. En un contexto donde muchas organizaciones sostienen su trabajo con enormes esfuerzos y recursos limitados, contar con un lugar así no es un detalle menor. Es una forma concreta de crear condiciones para que los procesos comunitarios tengan dónde encontrarse, dónde visibilizarse y dónde seguir creciendo. Casa Encuentro ha sido pensada como una infraestructura social viva. Un lugar que acompaña el trabajo cotidiano de organizaciones de base comunitaria de Medellín y su área metropolitana, y que al mismo tiempo abre espacio para nuevas conexiones. Allí pueden suceder reuniones, talleres, actividades comunitarias, intercambios y conversaciones que fortalecen redes y amplían horizontes. Su existencia responde a una idea sencilla, pero poderosa: cuando las organizaciones cuentan con espacios dignos, abiertos y colaborativos, también se fortalece su capacidad de actuar juntas. El liderazgo de Funimos ha sido fundamental para que esta iniciativa echara raíces. La Fundación Territorial cumplió un papel clave como impulsora y sostenedora inicial, brindando soporte financiero para el arriendo del espacio y cofinanciando su puesta en marcha. A esto se sumó la movilización de recursos locales, tanto en dinero como en especie, que ayudaron a hacer posible esta apuesta en sus primeras etapas. Sin embargo, el aporte de Funimos fue mucho más allá del respaldo económico. También hubo un acompañamiento estratégico que permitió integrar Casa Encuentro dentro de una visión territorial más amplia, vinculada al fortalecimiento del ecosistema del centro de Medellín. Esto le dio al espacio un sentido más profundo: no surgir como un lugar aislado, sino como parte de una red viva de procesos, relaciones y apuestas compartidas por el territorio. En esa misma línea, Funimos facilitó conexiones clave con organizaciones locales, procesos territoriales, aliados estratégicos y potenciales financiadores. También acompañó aspectos de comunicaciones, visibilización, diseño de identidad e inauguración del espacio. Ese trabajo ayudó a posicionar a Casa Encuentro no solo como un lugar útil, sino como una iniciativa con identidad propia, capaz de convocar, articular y proyectar una visión de trabajo solidario en la ciudad. Lo más valioso es que Casa Encuentro no se limita a ofrecer un espacio físico. Su sentido está ligado a procesos más amplios que ya vienen movilizando el territorio: el mapeo de actores, la educación en regeneración, las huertas comunitarias, el turismo comunitario y distintas formas de movilización de recursos basadas en fondos solidarios, voluntariado, pasantías e intercambios de experiencias. En ese cruce de caminos, el espacio se convierte en algo más grande que su infraestructura: se convierte en una plataforma para sostener vínculos, activar capacidades y ampliar la vida comunitaria. Por eso, hablar de Casa Encuentro es hablar también de otra forma de comprender el desarrollo. Una forma que no empieza por la carencia, sino por la capacidad de las comunidades para organizarse, conectarse y construir desde lo que ya existe en el territorio. Desde esa perspectiva, el espacio representa una apuesta concreta por el fortalecimiento organizativo, la economía solidaria y la creación de condiciones para que más iniciativas locales puedan sostenerse y crecer con mayor autonomía. Para Funimos , esta experiencia refleja de manera muy clara su compromiso con la filantropía comunitaria : una práctica que no se limita a entregar recursos, sino que también invierte en relaciones, confianza, capacidades e infraestructuras que hacen posible la acción colectiva. Y ahí está una de las grandes fuerzas de Casa Encuentro: mostrar que apoyar a las comunidades también significa crear entornos donde sus procesos puedan florecer. Desde TerritoriA, experiencias como esta permiten reconocer el valor de las Fundaciones Territoriales como actores que ayudan a catalizar procesos de largo plazo. Casa Encuentro lo demuestra con claridad: cuando se fortalece un espacio para el encuentro, también se fortalece el tejido que sostiene al territorio. En Medellín, esa apuesta ya tiene un lugar, una energía y una dirección compartida llamada Casa Encuentro .
- El ecosistema filantrópico nacional conversa sobre el futuro del financiamiento con los territorios
Más de cuarenta actores del ecosistema filantrópico colombiano e invitados internacionales se reunieron en un espacio virtual convocado por TerritoriA para conversar sobre una pregunta que cada vez resuena con más fuerza: ¿Cómo financiar el desarrollo cuando los territorios reclaman mayor autonomía, confianza y poder para decidir sobre su propio futuro? Esta primera conversación se dio en el marco de la presentación del Mapeo de Actores Clave del Ecosistema Nacional de Filantropía Comunitaria , una mirada sistémica impulsada por el Movimiento de Fundaciones Territoriales para comprender cómo se están movilizando recursos desde lo local y qué actores están construyendo nuevas formas de inversión social en Colombia. Revisa a detalle el Mapeo de Actores Clave del Ecosistema Nacional de Filantropía Comunitaria Escuchar al ecosistema La conversación reunió distintas voces que, desde lugares diversos del ecosistema, compartieron experiencias, tensiones y aprendizajes. Queremos agradecer y reconocer especialmente a Alejandra Solarte (Fundación Territorial CreAmos), Liliana Lio Zuluaga (Alianza para el Desarrollo), Ana Milena Lemos (Fundación Empresarial Riopaila Castilla) y Juan Mira (Fondo Emerger) , quienes con sus visiones, aprendizajes y experiencias guiaron un diálogo profundo sobre el presente y el futuro de la filantropía comunitaria en Colombia. Sus intervenciones permitieron poner sobre la mesa tensiones reales que atraviesan hoy el financiamiento territorial: El equilibrio de poder entre actores locales y financiadores. La reconstrucción del tejido social en territorios marcados por violencias históricas. La sostenibilidad de los liderazgos comunitarios. Y la necesidad de construir modelos de inversión más colaborativos y arraigados en los territorios. La conversación dejó abiertas preguntas importantes para el ecosistema. La memoria viva de una conversación Como parte del encuentro, se construyó una memoria gráfica colectiva que permitió capturar las ideas, tensiones y aprendizajes que emergieron durante el diálogo. Esta memoria viva refleja la riqueza de la conversación: las conexiones entre actores, los aprendizajes compartidos y las preguntas que quedan abiertas para el futuro. La conversación también reflejó un momento de transición. En un contexto donde el financiamiento internacional enfrenta transformaciones y donde muchas organizaciones territoriales encuentran barreras para acceder a recursos, la filantropía comunitaria está abriendo nuevos caminos. Este enfoque propone algo fundamental: reconocer que las comunidades no son beneficiarias pasivas, sino socias en la toma de decisiones. Priorizando invertir con el territorio y no a invertir en el territorio. Cuando el poder se comparte, las inversiones se vuelven más estratégicas, pertinentes, más sostenibles y más arraigadas en los territorios. Lo que está emergiendo en Colombia es una forma distinta de entender el desarrollo. Una forma donde las comunidades participan en las decisiones, donde los recursos se movilizan desde la confianza y donde el poder se comparte para construir futuro. El cambio ya empezó y nace desde el territorio.
- Intercambio territorial en Barichara, aprendizajes para regenerar el territorio desde la colaboración
Intercambio de aprendizajes entre la FT Barichara Regenerativa, Mogotes y San Rafael - Reserva El Totumo Los días 14 y 15 de febrero de 2026 , Barichara fue escenario de un encuentro de aprendizaje entre territorios. La Fundación Territorial Barichara Regenerativa recibió a los grupos promotores Kairigua (Mogotes, Santander) y Rizoma (San Rafael, Antioquia) en un intercambio orientado a fortalecer capacidades organizativas y territoriales a partir del diálogo entre experiencias. El encuentro contó con el acompañamiento de TerritoriA y aliados del Movimiento de Fundaciones Territoriales , y tuvo como propósito compartir herramientas y aprendizajes en torno a la regeneración ecológica, la gestión comunitaria del agua, la gobernanza territorial y los modelos colaborativos de movilización de recursos . Durante dos días, las delegaciones recorrieron experiencias en campo, participaron en conversaciones estratégicas y desarrollaron ejercicios prácticos que permitieron contrastar trayectorias territoriales diversas. Más que documentar cada actividad, el intercambio se concibió como un espacio para identificar aprendizajes replicables y fortalecer las redes entre territorios que comparten desafíos similares . Aprender desde la experiencia territorial La metodología del encuentro combinó aprendizaje experiencial, diálogo horizontal y construcción colectiva de conocimiento . La agenda integró visitas a experiencias territoriales, espacios de conversación entre pares, talleres prácticos y momentos de reflexión colectiva. Este enfoque permitió reconocer la diversidad de saberes presentes en cada territorio y construir un lenguaje compartido en torno a prácticas de regeneración y gestión comunitaria. Entre las temáticas que orientaron el intercambio se destacaron: Regeneración ambiental y restauración de ecosistemas Prácticas agroecológicas y agricultura sintrópica Gestión comunitaria del agua Economías colaborativas y circuitos cortos de comercialización Uso de Sistemas de Información Geográfica (SIG) para la planificación territorial Fortalecimiento de redes interterritoriales. Restaurar el territorio: agricultura sintrópica y cuidado del agua La jornada inició en la Reserva El Totumo , ubicada en la vereda Lubigará, donde la Fundación Barichara Regenerativa compartió su experiencia en agricultura sintrópica aplicada a la restauración del bosque seco tropical . Durante el recorrido se presentaron prácticas concretas orientadas a recuperar suelos degradados y fortalecer los ciclos hídricos del territorio, como zanjas de infiltración, policultivos y manejo regenerativo del suelo. Estas prácticas buscan restaurar la fertilidad del suelo y mejorar la infiltración y retención de agua en el paisaje. Uno de los hitos más significativos del proceso ha sido la recuperación de un nacedero que permaneció seco durante más de tres décadas , resultado de un trabajo sostenido que combina diseño técnico, observación constante y una ética de cuidado del territorio. El intercambio permitió contrastar estas prácticas con las experiencias de Mogotes y San Rafael, ampliando el repertorio de soluciones posibles para enfrentar los desafíos ambientales en cada territorio. Cartografía comunitaria y planificación territorial Otro momento clave del encuentro fue la presentación del trabajo en Sistemas de Información Geográfica (SIG) desarrollado desde el Centro Bioregional de Aprendizaje de Barichara. A través de cartografías de microcuencas, los participantes exploraron cómo el agua estructura el territorio y cómo estas herramientas permiten visualizar dinámicas ecosistémicas, identificar riesgos y apoyar procesos de planificación territorial participativa . Durante el recorrido también se presentó la implementación de un tanque australiano adaptado para la captación de agua , una solución técnica diseñada para enfrentar periodos prolongados de sequía y fortalecer la autonomía hídrica de los procesos productivos regenerativos. Estas experiencias evidencian que la regeneración territorial no depende únicamente de infraestructura, sino de la articulación entre conocimiento técnico, organización comunitaria y decisiones colectivas sobre el manejo del agua. La trayectoria de una fundación territorial Uno de los momentos más significativos del intercambio fue el espacio de diálogo sobre la trayectoria de la Fundación Territorial Barichara Regenerativa . Aunque la fundación se formalizó jurídicamente en 2024 , su trabajo territorial venía gestándose desde años atrás a través de iniciativas como Casa Común y diversos procesos comunitarios vinculados a la regeneración del territorio. Durante la conversación se compartieron los desafíos que implica consolidar una fundación territorial: construir legitimidad social, fortalecer una base comunitaria, sostener la organización administrativamente y traducir conceptos como la regeneración en prácticas concretas y culturalmente situadas. Las reflexiones también abordaron tensiones presentes en territorios con alto valor paisajístico y cultural, especialmente frente al crecimiento del turismo y los procesos de gentrificación , que pueden transformar las dinámicas sociales y económicas si no se gestionan desde una perspectiva de cuidado territorial. Ciclos vivos: experimentar la abundancia compartida Uno de los momentos más destacados del encuentro fue el ejercicio “Ciclos Vivos” , realizado en el Hotel La Nube. Este espacio fue concebido como un prototipo de gobernanza territorial orientado a explorar nuevas formas de movilización y distribución comunitaria de recursos . A través de un ejercicio de abundancia compartida , la Fundación Barichara Regenerativa catalizó y distribuyó colectivamente más de diez millones de pesos entre iniciativas territoriales surgidas del proceso del Foro Ciudadano del EOT. El ejercicio funcionó como un presupuesto participativo , en el que mentores, líderes comunitarios y organizaciones del territorio deliberaron colectivamente sobre el destino de los recursos utilizando fichas equivalentes a dinero real. Más allá de su dimensión financiera, el proceso operó como un laboratorio social donde se ensayaron nuevas formas de distribuir poder, recursos y reconocimiento , encarnando principios de filantropía comunitaria y gobernanza ciudadana. Durante el ejercicio se presentaron diversas iniciativas territoriales articuladas alrededor del cuidado del agua, la regeneración ecológica y el fortalecimiento del tejido social. Entre ellas se destacaron: La Asociación de Usuarios del Agua de la vereda Santa Elena , integrada por cerca de 90 familias campesinas que gestionan comunitariamente su acueducto y protegen las microcuencas locales. La Ruta del Arte , una propuesta cultural e intergeneracional que busca activar procesos artísticos en veredas rurales. Casa Común , una iniciativa que articula productores locales y fortalece circuitos cortos de comercialización. El Parque Vivo del Agua y la Biodiversidad , orientado a recuperar un espacio natural como aula ambiental y laboratorio de economía sostenible. Estas iniciativas comparten un eje común: reconocer el agua como elemento articulador de la vida, la cultura y la economía local . Confianza, cooperación y aprendizaje colectivo El encuentro dejó aprendizajes importantes sobre las dinámicas sociales que atraviesan los procesos territoriales. Durante el cierre se abrió una reflexión sobre las tensiones que pueden surgir en el trabajo comunitario y la importancia de fortalecer vínculos de confianza, transparencia y deliberación colectiva . Lejos de ser un cierre, el intercambio permitió consolidar nuevas alianzas y establecer compromisos para avanzar en el desarrollo de las iniciativas presentadas. Cada alianza deberá consolidar sus propuestas mediante documentos de diseño y presupuestos detallados, acompañados por espacios de seguimiento colectivo. Más allá de los resultados inmediatos, el encuentro reafirma el valor de los espacios de intercambio entre territorios como una estrategia para fortalecer el Movimiento de Fundaciones Territoriales en Colombia . Cuando los territorios se encuentran para compartir experiencias, no solo circula conocimiento. También se fortalecen las relaciones que hacen posible imaginar y construir futuros regenerativos basados en el cuidado de la vida, el agua y las comunidades .












